
El mariscal en el olvido
Enrique Cerdán Tato
La Gatera
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31/10/1998
El mariscal en el olvido

Cesión nuestra habitual columna dedicada a la crónica de la ciudad de Alicante ya sobrepasa, con creces, las mil quinientas, lo que supondría un volumen de cerca de dos mil páginas, la historia nos ofrece siempre un nuevo aspecto, un episodio de mayor o menor calado, un personaje, talvez, escasamente conocido o nada reconocido.
La historia resulta inagotable, cuando se ausculta, día a día, y se le pone cariño y se le echan horas a la investigación y el mejor empeño, para que poco, se nos quede en la memoria.
Con esa intención de rigor, paciencia y metodología, que viene presidiendo nuestro cotidiano trabajo, volvemos a la figura de un coterráneo, a pesar de que nuestro admirado cronista, Montero Pérez, le atribuyó razonablemente cierta ingratitud, para con su lugar de origen.
Nos referimos a José Carratalá Martínez, que aquí nació, en diciembre de 1781.
Aquel joven, pronto abandonaría su inicial vocación sacerdotal, para entregarse a los estudios de Derecho, en Valencia, en cuya universidad obtendría la licenciatura, a los veintisiete años de edad, es decir, en 1808. Con su título, se instaló en Madrid, para ejercer su profesión, pero las circunstancias, pronto le obligarían a regresar a Alicante, su ciudad natal, donde se integró en la Junta de Salvación, cuando, el dos de mayo, España se levantó contra los franceses.
José Carratalá tenía evidentes condiciones de mando, de forma que, desplazado a Almansa, con su enfervorizada conducta, movilizó a numerosos jóvenes alicantinos, procedentes de familias acomodadas. Su palabra fluida y su entrega a la defensa del suelo invadido, le llevó a organizar un regimiento de infantería, por lo que sus superiores le ofrecieron el grado de comandante que rechazó, para aceptar tan sólo el de alférez. Durante la guerra de independencia, fue herido en varias ocasiones y recibió las condecoraciones militares de San Fernando y San Hermenegildo. Había comenzado su carrera militar.
Carrera que lo llevaría al frente del Ministerio de la Guerra, según real decreto del día dieciséis de enero de 1838, firmado por la reina regente doña María Cristina de Borbón, tras la renuncia al cargo del general Espartero, como consta en la «Gaceta de Madrid».
Antes, don José Carratalá, con el grado de mariscal de campo, firmaría las capitulaciones en Ayacucho, en donde se libró la batalla que dio a los peruanos su independencia.

La Fiesta, mirando atrás
Raúl Álvarez Antón
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30/01/1999
La Fiesta, mirando atrás

Comentamos que estamos celebrando el 70* aniversario de la creación de la fiesta de les Fogueres de Sant Joan, aunque a decir verdad, yo nada se oficialmente ya que ni la Comisión Gestora ni otro Organismo inherente a la misma se ha preocupado de editar a principio de año el obligado Folleto en el que se detallara la programación completa y extraordinaria de los actos que con motivo de este evento se iban a celebrar. Más como mi cometido no es criticar, dejo para otros —porque críticos haylos- este menester.
Yo, continuando con mi labor de «recordar», me place traer hoy a la memoria de todos los alicantinos y foguerers -porque muchos de éstos andan todavía flojos en datos históricos- aquella mañana del 9 de abril del año 1933 en que se radiaba por vez primera la elección de la Bellea del Foc.
Fue un domingo desde el Teatro Monumental en donde la Orquesta de Cámara y la alicantinísima banda de instrumentos de pulso y púa La Wagneriana interpretaron sendos conciertos a presencia de los entonces importantísimos foguerers majors que tanto bien hicieron a la fiesta y que, procedentes de diferentes puntos de España y especialmente desde Madrid, llegaron al Teatro Monumental para presenciar y elegir la bellea del Foc 1933 y a través de este micrófono que instaló Radio Alicante y, a lo que en principio se opuso el Presidente de la Gestora, se radió el acto fuera del recinto. Labor que realizó por vez primera mí siempre recordado compañero y gran actor que fue Pepe Moreno Aznar.
Ya la Bellea del Foc elegida, acudió al estudio de la emisora E.A.J.-31 Radio Alicante que estaba en la calle Pablo Iglesias n*. 33 y desde allí saludó a todo alicante. A partir de este año era costumbre que el gran Pepe Moreno transmitiera con su especial estilo todas las incidencias del acto de la elección de la Bellea del Foc.
Y como quiera que solían celebrarse los domingos por la mañana pues los vecinos nos preocupábamos de invadir la casa de aquel que afortunadamente poseía un aparato de radio para escuchar de pe a pa cuanto ocurría en el Teatro Monumental agotando la paciencia de nuestros queridos vecinos pero que soportaban a la vez con gran cariño hacia la fiesta y así siguió Pepe Moreno contándonos la salsa de estos eventos festeros hasta que en el año 1942 recogí personalmente el testigo profesional y ya fui yo hasta el año 93 quien vivió y radió las intimidades de este emotivo y apasionado -años antes sí lo era- momento de la elección de la Bellea del Foc de nuestras incomparables fiestas de les Fogueres de Sant Joan.

Aquella Cesta
Raúl Álvarez Antón
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05/09/1999
Aquella Cesta

Aunque no es mi cometido mantener correspondencia con mis lectores a través de este «Recordar» permítanme que atienda la petición que me han hecho tres de mis distinguidas lectoras que al decir de ellas, me dicen que son guapísimas y así debe ser a juzgar por el encantador tono de sus voces cuando por teléfono conmigo conversaron y es que mis amigas Suni, Mélida y Cati me piden que, si podía ser, les hablara un poco de los precios de la cesta de la compra de los años treinta ya que en su casa habían oído hablar frecuentemente a sus madres y abuelas, pero sin datos muy concretos. Y a ello voy, con el permiso de todos ustedes en la seguridad de que también podrá interesar conocer estos datos que afectan o afectaron, mejor dicho, a la cesta de la compra de nuestros padres y abuelos.
Dada la limitación de espacio me ceñiré al citar precios a los más destacados o interesantes. Y empiezo por el ramo de las carnes. Según mis datos en el año 1932 el solomillo de ternera costaba 7,60 pesetas el kilo, y el solomillo de vaca 6,60 el kilo; la molla de primera de ternera, 6,40 el kilo y la de vaca 5,60. En cuanto a los pescados, la merluza su precio era 5 pesetas el kilo como máximo, salmonetes a 3,50; gambas a 4,50; boga a 3 pesetas, y cigalas a 3 pesetas el kilo como máximo. Si me refiero a las verduras citemos que las berenjenas valían a 0,15 pesetas el kilo, las patatas blancas 0,45, cebollas 0,15, tomates al mismo precio; la uva blanca se vendía a 2 reales o a 1,10 pesetas el kilo, los melones costaban de 0,30 a 0,57 a kilo y los plátanos a 1,70 la docena.
Como leen ustedes eran precios al parecer baratos no logrados en ningún súper ni híper -que no existían— si no en los tradicionales puestos de los vendedores del Mercado Central cuyos comerciantes se desvivían por atender, como ahora lo hacen, a su clientela y de ellos queda el recuerdo de muchos vendedores que se hicieron populares por su simpatía y calidad de sus géneros como por ejemplo Eliseo «el dels bajoquetes», Garnero por sus jamones y embutidos y ¡cómo no! aquel famosísimo vendedor de pescado «Flores» que se distinguió por escandaloso pregón que hacía de su mercancía que se-escuchaba a lo largo y ancho del Mercado y que más tarde fuera popularísimo músico al frente de su banda cómica «Los Claveles». Creo habré complacido a mis guapísimas lectoras y espero habrán tomado nota de ello quienes conocen por la lectura de este «Recordar» acuarelas
simpáticas y queridas del entrañable Alicante de ayer que se nos va
hoy irremisiblemente.

El personaje del barquillero
Raúl Álvarez Antón
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23/05/1999
El personaje del barquillero

El barquillero fue sin duda uno de los personajes de entre los variados «vendedores-ambulantes» habidos en nuestra ciudad que más simpatía gozara entre los chicos de mi edad.
Aparecía por las cuatro esquinas vociferando... «el barquilleroooo», y en cuanto llegaba a donde él percibía que había clientela, descargaba su enorme barquillera metálica que portaba al hombro calle por calle y plaza por plaza, la depositaba en el suelo e inmediatamente todos los niños formábamos un corro en torno a ella.
Como en su tapa superior había una especie de aspas que giraban a modo de ruleta tras pagar la cuota establecida por el vendedor dábamos empuje a la ruleta y esperábamos el número que nos tocaba, que bien podía ser uno, dos o tres, según la suerte que a cada uno le amparaba.
Mala cara ponía el barquillero si nos tocaban tres barquillos, pero el juego era el juego y había de darnos lo ganado: aquellos barquillos hechos con obleas de harina que crujían dulcemente en cuanto les hincábamos el diente.
Mientras comíamos barquillos seguíamos jugando a la ruleta si nuestra economía particular e infantil de entonces nos lo permitía y en cuanto cesaba de moverse la ruleta, el barquillero como buen comerciante que era, daba por finiquitada su estancia allí.
Cargaba de nuevo el enorme cesto metálico al hombro y voceando de nuevo «el barquileroo» emprendía el camino a la busca de otra área comercial infantil sin estrenar y así un día y otro, casi a la misma hora, recibíamos y despedíamos al barquillero con ilusión infantil, y que nos servía, en algunas ocasiones, para una divertida merienda.

El apagón del Raval Roig
Raúl Álvarez Antón
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10/10/1999
El apagón del Raval Roig

No existe referencia alguna escrita sobre esto que voy a referir pues se trata de dar a conocer algunos de los sucesos o anécdotas que a lo largo de mi carrera profesional he podido saborear en mis entrevistas radiofónicas.
Como quiera que el Raval Roig ha vivido sus fiestas hace escasamente unos días, voy a relatar en este «Recordar» una anécdota que aconteció allá por los años treinta con motivo de tales fiestas y que mecontó el que fuera excelente actor cómico alicantino Antulio Sanjuán, en ocasión de una entrevista que le hice en Radio Alicante.
Me contaba que con motivo de las fiestas el Ayuntamiento se había preocupado de reforzar el alumbrado del barrio para la noche del comienzo de las fiestas proceder al encendido oficial del mismo.
Y así fue, llegó la noche de iniciación de las fiestas y reunidos en la plaza de Topete la Comisión de Fiestas, autoridades e invitados y tras unas palabras de salutación al barrio por parte del presidente de la comisión, dijo éste, «y ahora comiencen las fiestas del Raval Roig.
¡Hágase el encendido del alumbrado especial que nos ha brindado el Ayuntamiento». Pero... el encendido no tuvo lugar.
Y me contaba Antulio Sanjuán que él como capataz que era de la brigada municipal de alumbrado repaso inmediatamente tablero de llaves de paso y encendidos por si había algún defecto. Mas no, el apagón seguía, intrigado por ello y como capataz de las brigadas municipales de alumbrado -seguía contándome Antulio- «procedí a revisar el tendido próximo a mi tablero de mandos y cuál no sería mi sorpresa cuando pude comprobar que no había ni un foco ni una bombilla entera pues, luego se supo una cuadrilla de jóvenes del barrio tuvieron la poca luminosa idea de romper a pedrada limpia todas las bombillas del barrio.
Lógicamente hubo sus primeros comentarios de sorpresas y reprimendas que a poco difuminaba la orquesta Alegría que con sus marchas al son de sus guitarras y bandurrias pusieron alegría en donde había surgido el malhumor».
Al día siguiente de nuevo las brigadas municipales del alumbrado público procedieron a reponer todas las bombillas y focos rotos, que al decir de mi buen amigo Antulio Sanjuán tal hazaña en número de bombillas rotas debió figurar en el famoso libro de récords Guiness.
Pero que yo sepa no ha figurado. Quede pues constancia de esta simpática, aunque repito poca luminosa idea que pasó por la mente de los chavales de entonces de este siempre tan querido nuestro barrio del mirador del Mediterráneo, el querido Raval Roig. Y como me lo contaron, lo cuento.

Cautiva la prensa roja
Enrique Cerdán Tato
La Gatera
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23/11/1996
Cautiva la prensa roja

Con el ejército republicano desarmado, en las cárceles y en el exilio treinta y uno de julio de 1942, el fiscal instructor delegado de la Causa General en nuestra provincia dispuso la intervención de la «prensa roja», publicada en Alicante desde febrero de 1936 hasta el final de la guerra civil, que se custodiaba en el Archivo Municipal; prohibió la exhibición de cualquiera de sus ejemplares, a menos de que se presentara «orden en contario extendida por escrito y firmada por el alcalde»; y acordó que todos los periódicos quedaban incorporados a la Causa General. El fiscal instructor delegado exigió que se levantara un inventario.
El inventario comprendía los siguientes títulos, según el oficial encargado del archivo:
«El Luchador» (republicano y fundado por Juan Botella Pérez, en enero de 1913) desde el uno de febrero de 1936, hasta el seis de junio de 1938, excepto algunos números de marzo y abril de este último año que no se conservaban.
«El Día» (fundado en 1915 y desde julio de 1936, «diario republicano), desde el uno de febrero de 1936, hasta el dos de julio de 1938, último número archivado (otras fuentes señalan que el número final pudo ser el correspondiente al diez de aquellos mismos mes y año).
«Avance» (diario socialista de la tarde) apareció el dos de agosto de 1937 y término de publicarse el veintinueve de marzo de 1939. Faltan bastantes números.
«Diario de Alicante» (republicano, apareció en 1907), desde febrero de 1936, hasta el veintiocho de noviembre de 1936. También se observa la falta de algunos ejemplares.
«Bandera Roja» (portavoz de UGT, PSOE, PCE y JSU, desde mediados de abril de 1937, diario de la CGT) comenzó a publicarse el ocho de diciembre de 1936 y su último número corresponde al nueve de enero de 1938, no aparecen en la hemeroteca el diecisiete de abril y el diecinueve de agosto de 1937.
«Liberación» (órgano de la CNT, de la FAL y de las Juventudes Libertarias de nuestra provincia), apareció el primero de mayo de 1937 y el último, el veintiocho de marzo de 1939. Igualmente, la colección está incompleta.
«Nuestra Bandera» (órgano del PCE (SEIC) su primer número corresponde al ocho de julio de 1937 y el último, el seis de marzo de 1939. Faltan muchos de sus números.

La Unión Musical
Raúl Álvarez Antón
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21/11/1999

La Unión Musical
Aquella noche, un domingo febrero del año 1931 la plaza de San Antonio estaba animadísima de público que había acudido a la inauguración de los nuevos locales de la prestigiosa Banda Unión Musical que con tanto celo y cariño dirigió el prestigioso maestro don Luis Alberola. La Unión Musical que anteriormente había ocupado otros locales de ensayo y sociales como en la calle de San Carlos y Alférez Díaz Sanchis, inauguraba esa noche sus nuevos locales en los bajos del edificio en construcción en la plaza de San Antonio n* 7 en donde permaneció durante varios años con sus secciones de escuela de solfeo y sala de conciertos.
Por la tarde, la Banda ofreció un concierto para los socios, personalidades e invitados y por la noche con el salón magníficamente engalanado ofreció un baile de honor a propios y extraños.
Las obras para acondicionar los bajos de este edificio para uso de la banda comenzaron el 15 de diciembre de 1930 y como digo se inauguró el local provisionalmente el día 1 de febrero del año 1931.
En el piso superior se contaba con 2 grandes salones, uno para recreo de sus socios y otro para academia. En los inicios de la Banda Unión Musical que contaba entonces con 20 socios y el día de su inauguración contaban ya con 200 pagando cuotas de 1, y 2 pesetas mensuales. Habían también algunos socios especiales que pagaban 5 pesetas que se constituyeron en accionistas de la entidad.
Las obras al parecer según mis datos costaron 25.000 pesetas siendo el propulsor de este evento musical don Manuel Serrano que fue cabo de la Policía Municipal montada y presidente don Emilio Galtero que vivía a pocos metros de donde vivía yo con mi abuelo.
La Banda Unión Musical gozó de gran prestigio y fueron muchos los que acudieron a esta academia inaugurada los que asistieron a aprender solfeo, entre ellos el maestro Emilio Álvarez Antón y la Banda en la que a veces formaban educandos de la Beneficencia en donde era profesor don Luis Alberola tomó parte en cuantas acciones musicales tenían lugar en la
ciudad y gozó siempre de general aplauso.

Aigua ciba en bamba
Raúl Álvarez Antón
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25/07/1999
Aigua ciba en bamba

Era ya por estas fechas veraniegas cuando irrumpía en las calles alicantinas con su carretilla de mano un popularísimo personajillo, que si bien durante el invierno cobraba fama por sus «fabetes bollíes», al llegar el verano reafirmaba su popularidad con su «aigua ciba en bamba».
Se trataba del popularísimo y jocoso personajillo Barrachina que a los niños y mayores nos encantaba degustar su mercancía. En verano asomaba por las esquinas con su minipregón: «Aigua diba... en bamba». Paraba su carretilla Barrachina en las cuatro esquinas de mi calle e inmediatamente formábamos corro en torno a la carretilla.
Y Barrachina con un pequeño puntero de madera en la mano, señalaba una pequeña pizarra que figuraba en la parte delantera de la carretilla y nos decía:
«Una taula y una ¡...», y respondíamos todos a coro: «Taula.!», y a seguido nos decía: «una barra y una china» y contestábamos todos a coro: «Barrachina».
Aplaudía el propio Barrachina nuestra sapiencia y a seguido le comprábamos la rica aigua ciba y la obligada bamba con lo que merendábamos espléndidamente. Algunas tardes en lugar de proveernos de la riquísima «aigua ciba» nos ofrecía agua limón que también saboreábamos con deleite.
Fue sin duda Barrachina con su «aigua ciba en bamba» una acuarela gastronómica infantil y aún mayor de gratísimo recuerdo de aquel Alicante tan familiar y cariñoso que se nos fue.

Alcalá Zamora
Raúl Álvarez Antón
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12/09/1999
Aquellas fiestas en honor de Alcalá Zamora

Recién proclamada la República en el año 1931, Alicante se preparó a recibir debidamente al presidente don Niceto Alcalá Zamora, que anunció que su primera visita a una provincia española sería a Alicante, Así lo hizo y el alcalde, entonces Lorenzo Carbonell, organizó unas "fiestas de invierno" en su honor y que no vamos a relatar aquí porque disponemos de poco espacio para ello.
Pero sí citaré como anecdotario curioso los beneficios que se obtuvieron en la función de gala y en la corrida de toros que se organizaron en honor del ilustre visitante.
Comenzaré por la función de gala que se celebró en el Teatro Principal. Según mis datos los ingresos fueron de 11,459 pesetas y los gastos 4.182 pesetas, dejando un beneficio de 7.266'74 pesetas.
Entre los gastos figura el hospedaje del director de la Banda Republicana que costó 25'45 pesetas y los impuestos a Hacienda 808'25 pesetas. Además, el servicio de cena para la representación de la obra «Arroz a banda» costó 11'90 Pesetas.
Si esto dio la función de gala del Principal, repasando los datos sobre algunos ingresos y gastos de la corrida de toros que se organizara en honor del visitante digamos que el lote de toros costó 12,495 pesetas, los gastos ocasionados por los periodistas de Madrid 4.058'25 pesetas, y como ingresos citaremos que en taquilla se recaudaron 20.000 pesetas y la Sociedad de Aguas de Alicante dio un donativo de 300 pesetas, como así la Cámara de Comercio que también contribuyó con 2.000 pesetas y los pueblos de la provincia con 12.585.
Vamos, lo que se dice una ruina para el equipo empresarial, pero las fiestas se celebraron con todo esplendor y el presidente Alcalá Zamora a buen seguro se llevó una grata impresión del pueblo alicantino, tras deleitarse con las cabalgatas, pruebas de aviación, concursos de tiro de pichón y otros actos lúdicos que con todo entusiasmo organizara aquel simpático y Popularísimo alcalde republicano, al que conocíamos afectivamente por Lorenget, de grato recuerdo para los alicantinos.

Un toro desbandado
Raúl Álvarez Antón
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17/10/1999
Un toro desbandado

Aquel día vi gente correr. Más no vi llover (como diría ahora la canción), vi gente correr y yo también corrí porque la cosa no era para menos.
Quienes transitábamos por el entorno de la Fábrica de Tabacos y la calle Sevilla corríamos al conjuro de unas voces que gritaban: «Que viene el toro», y claro, uno, aunque joven entonces, pero sin valor suficiente para ser torero y sin capa ni muleta, no tenía más opción que unirme a ese correr de la gente.
Pero pronto paré, reflexioné y «pensat y fet»: me fui corriendo a guarecerme en la iglesia de la Misericordia y a poco estaba junto al altar mayor elevando mis plegarias para que todo acabara en bien para mí y para todos aquellos del correr por las calles.
Y me enteré de que la cosa fue porque a un carrero que conducía tres novillos desde la estación de Murcia hasta el matadero municipal —que estaba entonces al final de la playa del Postiguet- se le soltó un novillo del dogal que lo sujetaba al varal justo a la altura de lo
que hoy es Plaza del Mar. El toro emprendió su veloz carrera de huida por el paseo de Gómiz; llegó hasta la playa; y se adentró en el agua dando el consiguiente susto a los bañistas.
Luego enfiló la carretera de Silla y se adentró a lo loco por terrenos de las Carolinas, llegando a las espaldas del Hospital Provincial. Luego prosiguió su camino repasando las calles del entorno de la Fábrica de Tabacos; enfiló Benito Pérez Galdós y recaló en las ruinas de las Escuelas Salesianas para, tras recibir un tiro de un guardia urbano que a bordo de un coche le iba persiguiendo largo rato, no se amilanó por ello el novillo.
Volvió a emprender la huida por la avenida de Salamanca y al llegar al cruce con la carretera de Ocaña dos guardias de seguridad la emprendieron a tiros con él hasta que lo mataron apreciándosele según cuentan las crónicas hasta 23 disparos.
Lógico es pensar el pánico que despertó el tal novillo a su paso por las calles y sólo se registró la muerte de Cristóbal Tortilloll, de 80 años de edad, quien vivía en la calle La Gloria número 4 y que sufrió la fractura del cuello del fémur izquierdo. La víctima se dedicaba a la venta de rifas callejeras y recibió otras lesiones más como consecuencia de la voltereta que le propinó el morlaco.
Por ello, como digo, murió varios días después.
También se registraron las lesiones en los brazos de varias personas y de un niño de 13 años como consecuencia de caídas y volteretas propinadas por el toro desbandado. A poco todo se normalizó y la gente comentaba con cachondeo sus pinitos como toreros al galope, en aquel verano del año treinta y cuatro.

San Blas estrena cine
Raúl Álvarez Antón
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31/10/1998
San Blas estrena cine

Parece que fue ayer pues el tiempo dicen que pasa volando pero ya han pasado —el día 2 se cumplen— 66 años de aquella feliz tarde en que San Blas estrenaba cine. Las calles próximas a la de Santa Leonor se encontraban abarrotadas de gente, de mucha gente que gritaban, unos, «viva don Ramón» y «viva “el Pelut”», otros, según fueran más o menos amigos de un prestigioso y popular hombre de negocios llamado don Ramón Gómez que había tenido la feliz idea de construir un cine en la calle Santa Leonor y que estrenaba esa tarde (2 de septiembre de 1933) y al que le puso el nombre de cine Altamira.
Don Ramón Gómez «el Pelut» como le llamábamos los, más íntimamente vinculados a él era un hombre inquieto como empresario y muy amante de su barriada San Blas.
Se le metió entre ceja y ceja construir un cine para sus vecinos y llegó el momento. Según los datos que ofreció la prensa en esta ocasión se trataba de un cine con una superficie de 319 metros cuadrados con un aforo de 100 espectadores en la planta baja del patio de butacas; un piso de cabina para 200 generales y una delantera de butacas.
Los techos tienen una elevación de 8 metros. Un espacioso cine por lo que vemos a tenor de aquellos tiempos y la primera película elegida para el estreno del cine fue la titulada «Fermín Galán» que resumía la epopeya republicana de los Mártires de Jaca.
Con esta película ya se había proyectado días antes en otro cine de la ciudad se anunció como reestreno y la proyección se celebró con grandes vítores a don Ramón y a «el Pelut» mientras en las calles las guitarras y bandurrias efectuaban sus alegres pasacalles y San Blas entero se regocijaba del acontecimiento que dotaba a su barriada de un cine de categoría.
Y de esto hace como digo, el próximo día 2, 66 años. Felicidades en esta efemérides, amigos.
Salón Antinea (más tarde Cine Novedades) La fachada fue de Juan Vidal. 1933 Fue un cine de la República, de aforo inferior a los del centro, sobre los 500 asientos. La fachada presentaba influencia del estilo geométrico "Art Déco". Pavés hexagonal, perfiles de gran sección y persianas americanas fueron algunas de sus aportaciones Imagen extraída de "Alicante. 100 años de cine. Canelobre. 35-36. 1997" Revista del Instituto Juan Gil-Albert Jaime Crespo Giner puntualiza: "Aunque en el proyecto su nombre era Antinea, lo cierto es que se llamó Cine Altamira, y su primer propietario fue Ramón Gómez Pérez"

Enrique Márquez Tizoni
Enrique Cerdán Tato
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26/09/1999
Enrique Márquez Tizoni

Si en la pasada fecha me referí a la marcha de este mundo de mi buen amigo, y de todos, el incomparable don Tomás Valcárcel Deza, hoy permítanme que le dedique mi entrañable recuerdo a un amigo mío alicantino (aunque naciera en Argentina), Enrique Márquez Tizoni, fallecido en los comienzos de este mes, y digo alicantino por que lo era de corazón, pues a gala tenía decirlo a pesar de que, como digo, nació en otro lugar del mundo.
Dejando aparte su paso por el Hércules de Alicante, en donde militó como destacado jugador de fútbol durante varias temporadas, su segundo apellido, Tizoni, me ha traído a la memoria el nombre de la señora María Tizoni.
María Tizoni es una mujer de grato recuerdo para los alicantinos de los años treinta, puesto que ella nos reparó en varias ocasiones los «sietes»
que involuntariamente clavábamos en nuestros pantalones y chaquetas.
Y digo esto porque doña María Tizoni, la madre de Enrique Márquez, destacó en aquel entonces por su maestría en el difícil arte de bien zurcir y ella siempre muy amablemente nos atendía a sus numerosos clientes en su vivienda —taller que tenía en el piso primero de la calle Velázquez, en el número 14-.
Allí, doña María Tizoni siempre amable, atenta, simpática y cariñosa atendía nuestras necesidades reparando esos malditos sietes que inopinadamente se colaban en nuestros vestidos y que la señora María sabía dejar como nuevos en un par de días.
Y la clientela le subía, día a día, no sólo porque hubieran pocas zurcidoras en la ciudad de Alicante, sino porque sin duda alguna era la mejor y todos lo sabíamos y a ella acudíamos en la seguridad de obtener un buen zurcido que allí en su piso realizaba con ayuda de sus hijos.
¡Cuántas veces hemos recordado estos pasajes alicantinos en las numerosas visitas que me has dispensado, Enrique, durante mi actual enfermedad y en las que siempre sacábamos a colación temas alicantinos por los que él sentía gran devoción!
Dos días antes de su muerte le dijo a mi hija Mari Loli en su visita al Ateneo: «Dile al papá que estoy organizando unas tertulias alicantinas para celebrarlas con el papá y revivir los tiempos del ayer que tanto él como yo amamos».
No le dio tiempo.
La muerte corrió más que sus deseos y hoy Enrique Márquez ya no está junto a mí para hablar de Alicante, pero sí para darme motivo para este «Recordar», que estoy seguro que habrá complacido a muchos de los alicantinos de ayer y hoy.
Gracias Margareth por tu información sobre tu primo Enrique.
Descanse en paz.

Flores ayer, mariposas hoy
Raúl Álvarez Antón
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31/10/1999
Flores ayer, mariposas hoy

Y un año más hemos llegado a la tradicional festividad de Todos los Santos.
¡Cuánto difieren las celebraciones de ayer a las de hoy! El desamor gana partidas día a día y casi nos limita nuestro recuerdo, hogaño, a dejar a nuestros deudos tranquilos para que reposen en paz en sus correspondientes tumbas.
Y si acaso una oración musitada en silencio y una mariposa encendida en un rincón del aparador de la casa. Excepciones haylas, claro, pero no abundan lamentablemente. Yo recuerdo los prolegómenos del Día de Todos los Santos en la época de mi niñez.
A más de repasar los armarios roperos para poner al día las prendas de invierno y tener a mano alguna que otra de abrigo, dedicábamos casi una semana a preparar el adorno de las tumbas de nuestros deudos en el cementerio.
Y mi madre y mis tías se dedicaban días y días a confeccionar en casa unos manojos de margaritas y crisantemos con cabos de algodón grueso de diferentes colores atados a un fino alambre que colocaban en pequeños jarros o vasos de cerámica que también se coloreaban con esmaltes o barnices de diferentes colores especialmente negros cual nos enseñaban a hacerlo en la sección de Manualidades en el Colegio de Campoamor al que yo asistía.
Llegada la fecha, transportábamos todas estas cariñosas manufacturas caseras, en sendos bolsones, al cementerio y allí sobre la tumba de nuestro ser querido lo depositábamos haciendo alarde de ornamentación de cara al vecino de tumba. No faltaban, claro, las flores y coronas de flores naturales que por mi parte adquiría en el huerto de la señora Remedios que estaba en las afueras del paseo de Campoamor, pasada la Beneficencia y junto al chalet de la familia de Campos de España en cuyo chalet mi buen amigo Rafael Campos de España la gozaba achuchándonos a su perro pastor-alemán a quienes sin el previo permiso nos aventurábamos a penetrar en su amplio huerto.
Y ya en la víspera y en la propia fecha de Todos los Santos, y aun en la octava precedente y siguiente nos desplazábamos en aquel tranvía que llevaba el cartelito de Cementerio a la propia necrópolis en donde visitábamos cariñosa y respetuosamente a nuestros deudos depositando junto a ellos las flores y coronas con sendos lazos de tela con dedicatorias más o menos cariñosas.
Y acudíamos al cementerio desde buena por lo que teníamos que hacer cola para subir al tranvía y allí en el cementerio pasábamos todo el día hasta el anochecer en que recogiendo cuanto habíamos llevado desde casa retornábamos a nuestros domicilios con la satisfacción del deber cumplido para con nuestros seres queridos quienes en significativas fotos aparecían puestas de pie en cualquier lugar del aparador y frente a esta foto un pequeño vasijo en donde durante todo el día de Todos los Santos y el siguiente lucían encendidas aquellos diminutos mechoncitos que sobre aceite nadaban encendidos y que denominábamos «mariposas» como una prueba de que su alma estaba presente entre nosotros.
De ayer a hoy ha llovido mucho como dice el refrán y el cariño a nuestros muertos apenas lo manifestamos con cirios y «mariposas» que lucen en nuestro hogar durante varios días. Y repito, que pese a este desamor todavía podemos contar con numerosas excepciones que ponen de manifiesto que todavía el cariño a nuestros muertos prevalece sobre la apatía de la vida actual.

Aquel Blanc i Blau de 1933
Raúl Álvarez Antón
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14/06/1998
Aquel Blanc i Blau de 1933

Como asiduo seguidor de las cosas que suceden en mi Alicante veo frecuentemente el programa del Canal 37 que presenta mi buen amigo López y que con el título de Color Blanquiazul trata con mucho cariño las cosas de nuestro Hércules.
Y ello me ha hecho recordar hoy aquel otro Blanc i Blau del año 1933. Y fue porque a principios de aquel año podía leerse en la prensa que «el próximo día 28 se estrenará un cuadro simbólico escrito por el prestigioso autor Don José Ferrándiz Torremocha. La función, con el título de Blanc i Blau, se dará a conocer con carácter de estreno en el salón España en función homenaje al Hércules campeón regional de Football -sic—».
Más pocos días después el mismo periódico daba cuenta de que «por dificultades surgidas han inducido al autor señor Ferrándiz Torremocha a retirarla del cartel». Y ya nunca más se supo. Se dispararon los comentarios sobre cuales habían sido esas dificultades surgidas pero la verdad es que nadie dio en el clavo.
Quede esto como una simpática anécdota de la historia de nuestro querido Hércules y bueno sería que algún escritor actual alicantino escribiera otro Blanc y Blau y se representara como merecido homenaje a nuestro querido Hércules, aunque ahora no atraviesa sus mejores momentos y todos lamentemos su descenso a la Segunda División «B», esperando, por supuesto, su resurgir.

Aquel templete de Benalúa
Raúl Álvarez Antón
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31/10/1998
Aquel templete de Benalúa

Muchos de ustedes mis entrañables lectores recordarán sin duda alguna aquel emblemático Templete que durante tantos años permaneció en el centro de la Plaza de Navarro Rodrigo, en Benalúa.
Fue un simpático Templete que entre trazos de árabe (por las portadas de los bajos) y oriental (por su línea estructural) dio carácter a esta oxigenada placeta de Benalúa en donde años ha, los pinos se enseñoreaban majestuosamente a lo largo y ancho de la misma.
Moría el año 1965 cuando como consecuencia de la remodelación urbanística de la plaza el centenario quiosco se desmontó y desguardó y como decía aquel simpático personajillo radiofónico de la Cadena Ser («El Zorro» de él «nunca más de supo».
Fue un simpático Templete que allá por el año 1884 estuviera plantado en el entonces llamado Paseo de los Mártires y que luego más tarde en el año 1911 el que fuera alcalde del barrio de Benalúa don Ramón Soler, abuelo del hoy destacado benaluense y excelente alicantinista don Gabriel Soler (un fuerte abrazo Gabriel) consiguiera tras laboriosas y perseverantes gestiones que el ayuntamiento de Alicante lo trasladara a su emplazamiento benaluense.
Bueno sería que alguna entidad de vecinos o filo-benaluense gestionara de nuevo la búsqueda caza y captura del desguazado Templete y volviera a reponerlo en el lugar de la entrañable placeta benaluense.
¿Quién lo va a hacer? Gracias.

Castañas y tenorios
Raúl Álvarez Antón
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08/11/1998
Castañas y tenorios

Vivimos ya un mes en el que años ha, cobraban destacada importancia las castañeras que al pie de sus respectivos fogones partían y calentaban aquellas sabrosas castañas que en principio calentaban nuestras manos metidas en los bolsillos y luego nos entreteníamos dando cuenta de ellas en la boca. Recuerdo aquellas castañeras que tenían su puesto fijo de venta en la plaza de España en la puerta del desaparecido bar Manolín, y las que sentaban sus tenderetes a las puertas del Salón España y cine Monumental, sin duda alguna las qué contaban con la mayor clientela de Alicante por la estrategia de su situación en puntos de máximo paso de viandantes.
También era costumbre en aquella época ir de estreno anticipándose a la tradicional fecha de Navidad ya que el fresco reinante obligaba a sacar de los armarios los gabanes de turno y las mocitas rivalizaban en estrenar sus abrigos de capa cuyas prendas enriquecían, las más pudientes, con vistosos cuellos y mangas de astracán que lucían orgullosas ante las que no podían darse ese gusto de estreno.
Y a más de las flores del día de Todos los Santos con obligadas romerías al romántico cementerio de San Blas, portando aquellos clásicos pensamientos grandes y de tela a nuestros seres que allí reposaban a la vez que comprábamos níspolas en los muchos tenderetes que a derecha e izquierda se situaban a lo largo de la entonces polvorienta avenida de los Condes de Soto Ameno.
Y como nota carismática del mes de noviembre teníamos la representación de los Tenorios en todos los escenarios de la ciudad. Hablando de Tenorios recuerdo que el actor que más se prodigaba representando al mítico Don Juan era Pepe Moreno, primer locutor que tuvo Radio Alicante a quien hacía de Doña Inés en la mayoría de las veces la actriz Lolita, asimismo locutora de dicha emisora y tomaban parte en estos Tenorios los actores más populares alicantinos del momento y así recuerdo a Manolo Pérez en Don Juan, Manolo Álvarez (a) «Petaca» que interpretaba al gracioso Ciutti y no olvido a la circunspecta actriz Cecilia Salazar (a) «La Bacallara» quien representaba a la clásica Brígida y con ellos Antonio Prieto, Rafael Castellanos y tantos otros de aquella nómina feliz y famosa de nuestros artistas alicantinos.
Hoy echamos de menos todo esto que he recordado, no sé si para bien o para mal, pero por si acaso me place como, estoy seguro a muchos de ustedes, recordarlos con cariño, por ser un trozo de la vida de nuestro querido Alicante de ayer.

El reloj de la estación
Raúl Álvarez Antón
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15/11/1998
El reloj de la estación

Hoy que vuelve a estar en candelero municipal la Estación de Madrid por su ubicación y el soterramiento de las vías, me viene al recuerdo aquel simpático reloj grande de pared que existe en la antigua fachada principal de nuestra emblemática estación.
Un reloj grande con esfera de números romanos y cristal tapando la misma con moldura, color caoba de forma octogonal. Reloj que cumpliendo su cometido marcaba las horas pero de una manera singular.
Y digo esto porque minuto arriba minuto abajo la marcaba, en cifras redondas, con un casi cuarto de hora de adelanto a la que generalmente conocíamos en Alicante como «hora oficial» a tenor de la que escuchábamos por la radio. Y es que nuestra situación geográfica difiere de la de Madrid y de ahí la diferencia horaria que este reloj de la Estación señalaba día tras día dando en algunas ocasiones las consiguientes sorpresas a quienes al pasar frente a la estación contrastaban la hora de ese reloj con la hora que marcaba el suyo, de pulsera o de bolsillo y obligaba, en ocasiones, a acelerar el paso, dudando ya de la hora, para no llegar tarde a las citas convenidas por los consultantes de la hora.
Era ésta una hora característica de la estación que era motivo de comentarios para quienes nos visitaban y comprobaban la diferencia horaria existente entre Alicante y el resto de España.
Recuerdo también que hace varios años cenando con un directivo adjunto a la dirección central de la Renfe y al sacar él a colación el proyecto de construcción de un gran boulevard de la Renfe en los terrenos que en su día desalojara la estación por su traslado, comentábamos la ornamentación de dicho boulevard.
Yo le insinué la reconstrucción de la antigua fachada, columnada, que identificaba a la estación y aquel simpático reloj que llevaba la hora adelantada, así como la construcción de una réplica del característico templete que existió desde el año 1911 hasta hace poco tiempo en la plaza de Navarro Rodrigo en Benalúa. Ambas cosas le parecieron excelentes para ese proyectado boulevard, aún más porque hablábamos de «proyecto», pues todo quedó en esto, que es lo mismo que «en aguas de bórrajas» como decimos castizamente.
Pero estamos a tiempo de poder hacer realidad lo que hablé aquella noche mientras cenaba en el Casino con un directivo de la Renfe.

La sirena de las mamás
Raúl Álvarez Antón
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21/10/1998
La sirena de las mamás

A hora que, por lo que leo, parece que anda incierta todavía la presencia de la Fábrica de Tabacos de Alicante en la ciudad, quiero en este Recordar dedicarle mi cariñoso homenaje a aquella sirena que sonaba en dicha factoría a determinadas horas del día a efectos laborales y que servían de matemático reloj sonoro y colectivo: para todos los vecinos de las barriadas del contorno e incluso de los lugares en que podía escucharse que eran muchos.
Así, al conjuro o de sus toques organizábamos un tanto nuestra vida diaria pues sonaban en horas clave -a las 8, a las 12, a las 2 y a las 6- y planificábamos con más o menos prisas nuestros actos diarios.
Pero de los toques de esta sirena -que también durante la guerra nos alertó con la debida antelación de las trágicas visitas de los aviones enemigos- cobra para mí un especial recuerdo aquella sirena que tocaba a las 11 de la mañana pues por ella se abrían las puertas de la Fábrica para que multitud de fabricantas -así les llamábamos a las empleadas de esta fábrica- que estaban en estado de la lactancia para sus bebés pudieran ir a casa a darles la obligada y puntual tetada.
Yo, recuerdo que, como vecino de aquel entorno, gustaba a esa hora de parar por la calle de Sevilla y gozar viendo a tantas jóvenes guapas que
con paso acelerado se dirigían a sus respectivas moradas para dar el pecho a sus encantadores niños.
Llamábamos a este toque «el toque de la teta», con todos mis respetos y sentíamos por él un especial cariño por lo que de amor maternal entrañaba.
Finalizaré este recuerdo contándoles una anécdota que protagonicé cierto día a la salida de las maternales fabricantes. Era ella muy joven y guapa y al pasar junto a mí le dije: «Nena cómo me gustaría ser el bebé que te espera en casa».
La joven madre no se inmutó, se paró y me dijo: «Lo siento chico, tú ya estás -para, tomar biberón» y siguió su camino con mucha gracia candorosa.

La mona de ayer
Raúl Álvarez Antón
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19/04/1998
La mona de ayer

U n año más no falla la cita con la mona de Pascua. Los jóvenes y aún de otras edades se aprestan a degustarla, unos —los primeros- en plan más jovial y bullanguero y otros quizá por su edad con más ritual hogareño y familiar.
Recuerdo mis tiempos moneros que lo vivía conmigo mi madre preocupada de cocinar el «berenar» en el que no faltaba el «conillet amb tomaca», la tortilla a la española, «les favetes tendres» y el «ou bollit». Y así contentábamos el paladar de nuestras mozas preferidas que se preocupaban de vestir faldas semicortas plisadas y blusas un tanto descotadas para mantener su atracción femenina tras el riguroso vestuario del invierno pasado.
Y emprendíamos el camino hacia el rincón de Nogueroles, por San Blas y el «rastre de Figueres» -sector del Garbinet- y allí sacábamos a relucir la cuerda para jugar saltándola o bien haciendo corro con los característicos piloncitos alrededor de los que hacíamos correr a las mozas que más tilín nos hacían en aquellos tiempos.
Eran tiempos de mucha pureza en el trato y a lo sumo se escapaba un beso en la mejilla que arrebolaba a las niñas que, pese a su voluntad, mostraban su gozo por aquel beso. Y a la vuelta, enlazados por el talle cantábamos aquellas siempre recordadas habaneras, que no eran tal pero así las considerábamos, como aquella de «si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona» y así hasta rendir viaje en el Paseo de Campoamor en donde agotábamos el último bocado de mona y dábamos el último pellizco y el beso suave a la niña de mis amores.
Cuando al llegar el anochecer regresábamos a casa con el consiguiente alborozo propio de nuestros años, alguna vecina «marujona» se preocupaba de tomar nombres y datos por si -como ella vaticinaba maliciosamente- el padrón de vecinos del barrio aumentaba pasados los nueve meses.
Pero, por fortuna, eran otros tiempos de máximo respeto para nuestras bonitas mujeres.

El funicular que no fue
Raúl Álvarez Antón
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04/07/1999
El funicular que no fue

F ue en el mes de septiembre del año 1931 cuando aquel popular alcalde alicantino Lorenzo Carbonell se lamentaba en un pleno municipal, públicamente, de la lentitud del papeleo administrativo del Ministerio correspondiente que la privaba de tener en sus manos la autorización para iniciar las obras para la instalación de un funicular que quería poner en marcha para las próximas fiestas de las Hogueras de San Juan.
Y fue en el mes de diciembre del mismo año cuando tras una gestión personal, el mismo alcalde Llorencet (como le llamábamos afectivamente) se complacía en manifestar, así mismo, en un pleno municipal que ya había conseguido el correspondiente permiso ministerial para iniciar las obras del funicular, primera parte del ambicioso proyecto del parque de atracciones que iría instalado en el recinto de la fortaleza del castillo de Santa Bárbara.
Y el tal plan comprendía la construcción de un modernísimo balneario en la playa de El Cocó y allí mismo una estación-apeadero de donde partiría el funicular que deslizándose por la falda del monte Benacantil llegaría hasta su cima para que los viajeros pudieran gozar de las variadas atracciones instaladas, como digo en el gran parque a construir en el macho del castillo.
Ahora que tanto se devanan los sesos buscando esta u otra atracción para el turismo y promoción de la ciudad no estaría de más rebuscar en cajones y armarios municipales, el tal proyecto del funicular y ponerlo en marcha en la seguridad de que nadie podría competir con él. A quien corresponda o a quienes corresponda: ustedes tienen la palabra del éxito. Gracias.
Lástima que en la presente temporada el resultado del Hércules haya sido adverso para los deseos de los alicantinos, pero bueno hubiera sido que de haber sido triunfal hubiera surgido algún escritor actual alicantino que hubiera escrito otro «Blanc y blau» como merecido homenaje a nuestros, pese a todo, admirados jugadores del Hércules de Alicante.

Alicante para todos
Raúl Álvarez Antón
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18/04/1999
Alicante para todos y todos por Alicante

I ndudablemente para mí siempre ha sido esta frase un lema que he procurado seguir «de pe a pa» ya que lo considero completo para satisfacer las necesidades y ambiciones de todo buen alicantino, cualquiera que sea su carnet político y procedencia.
Esta frase de «Alicante para todos y todos por Alicante» se popularizó porque se creó debidamente por la Entidad que la creara como fuera Alicante Atracción.
Era una sociedad apolítica en la que se congregaba una multitud cualquiera que fuera su ideología una sociedad apolítica en la que se congregaban multitud de alicantinos cualquiera que fuera su ideología y que tuviera un índice común, como era hacer el bien por y para Alicante.
Y fue en los albores de este siglo cuando Alicante Atracción se desvivió por organizar multitud de actos tendentes a crear, promocionar y lograr que Alicante fuera de boca en boca para bien de su nombre y su potencial económico y social.
Hoy que tanto se organiza y se maneja el nombre de Alicante buscando su bien para el porvenir, nada mejor que centrar todos vuestros esfuerzos en cumplir y hacer práctico aquello de «Alicante para todos y todos por Alicante».

Aquel anuncio eléctrico
Raúl Álvarez Antón
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30/05/1999
Aquel anuncio eléctrico

P or estas fechas, día arriba, día abajo, se han cumplido 66 años de un grato acontecimiento que dio que hablar no solamente en nuestros límites sino en el extranjero, conforme lo confirmaban los turistas que nos visitaban y lo contemplaban. Me estoy refiriendo a la inauguración de aquel original anuncio eléctrico que en el año 1933 se instaló en Alicante. Dicho así, parece la cosa más natural, pero aclararé que el tal anuncio eléctrico estaba situado en plena baldosa de la plaza de Castelar.
Allí sin que el transeúnte se percatara de ello, al pisar ciertos baldosines se daba lugar a poner en marcha un mecanismo eléctrico que iluminaba un amplio trozo de la acera. Y el tal anuncio ofrecía la vista del «macho del Castell», un trozo de cielo azul, otro trozo de mar, dos esbeltas y estilizadas palmeras y al pie de ellas una alegoría de la fiesta de les Fogueres.
El anuncio a nivel, como digo, de la misma baldosa, permanecía iluminado el tiempo justo para contemplar el cuadro pintado para apagarse de súbito cuando menos lo esperaba el espectador. Ni que decir tiene que aquello constituyó un rotundo éxito pues la plaza de Castelar se veía concurridísima de gente que probaba fortuna pisando baldosines para darse el gusto de iluminar la acerca y ver lo pintado. El tal anuncio único en España fue comentadísimo por todos aquellos que lo visitaron y que considerándolo pionero en España y aun en el extranjero era motivo de gratos comentarios que unidos al nombre de Alicante recorrió los puntos más distantes de nuestra geografía y aun del extranjero con la consiguiente promoción de nuestra querida «terreta».
Ante ello, viene la consiguiente reflexión. Si en la actualidad las empresas publicitarias rivalizan en ofertar a sus clientes nuevas ideas para la promoción de sus productos, hoy que disponemos de material diverso idóneo y medios técnicos más perfectos sería, a buen seguro, bien recibido que una firma publicitaria ofertara a un cliente de postín este sistema de anuncio eléctrico en la baldosa y que podría ser asimismo en la plaza de Castelar, con lo que se apuntaría un éxito indiscutible para la promoción del producto a anunciar.
¿Quién es el primero que se apunta a la idea?, porque, repito, el éxito comercial lo tiene asegurado desde ya y recordaríamos unas vivencias de ese Alicante querido que vivimos en tiempos pasados.

El vendedor que no molesta
Raúl Álvarez Antón
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07/06/1998
El vendedor que no molesta

S in duda alguna, muchos de mis distinguidos lectores todavía recuerdan la presencia de aquel simpático personajillo con el que en nuestra vida cotidiana coincidíamos en muchas cafeterías de la ciudad.
Se distinguía porque sentado junto a la barra o bien en las primeras sillas del local, lucia en la solapa de su chaqueta un cartel pequeño que decía: «El vendedor que no molesta», junto con una tira de décimos de lotería que él se preocupaba de vender con sólo el reclamo de su cartel pues como en él mismo se decía él no podía mejorar ni ofrecer su mercancía a los que estábamos junto a él, porque su lema era «no molestar»..
Y así un día y otro, el venerable anciano Domingo Moreno García -éste era su nombre- frecuentaba las terrazas de las cafeterías alicantinas como la del Hotel Samper, «Aitana», «El Chico de la blusa», «Cafetería Luna» y otras tantas hasta agotar su mercancía loteril, pero eso sí, siempre «sin molestar».
El bueno de Domingo Moreno oriundo de Orihuela, tras unos años en Barcelona recaló en nuestros lares y aquí se afincó por los años treinta hasta muchos años después de la contienda civil.
Domingo Moreno fue el padre de dos excelentes artistas que acompañados de guitarras entonaron deliciosas melodías sudamericanas que gustaron mucho a los públicos que a lo largo y ancho de toda la provincia e incluso en la vecina Francia, acudían a verlos.
Fueron ellos los Hermanos Domingo y Pepito de Moreno de tan grato recuerdo para los alicantinos dentro de la variada nómina de artistas que Alicante gozara otrora.
Domingo Moreno también fue conocido por sus actuaciones dulzaina en la boca frente al Templete de la música en la Explanada, entonando el estribillo de «Les fogueres de Sant Joan» y de cuya faceta otro día me ocuparé en ocasión de celebrarse este año el 70" aniversario de la creación de nuestras incomparables Fiestas de Sant Joan.
Domingo Moreno, como tal o también como talento, alias por el que también se popularizó ocupó sin duda la atención largas horas de nuestra vida en
ese Alicante entrañable del ayer, que lamentablemente se nos va y que yo intento frenar su marcha con este Recordar.

El quiosco de los pajaritos
Raúl Álvarez Antón
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24/05/1998
El quiosco de los pajaritos

N o voy a tratar hoy en este Recordar el tema que muchos de ustedes, estoy seguro, esperaban. Quede para otro espacio el luctuoso suceso que ocurrió en Alicante tal día como mañana hace 60 años.
Como fue el horroroso bombardeo del Mercado de Abastos.
No, repito, pues en este Recordar sólo tienen cabida los hechos que logren enternecernos por cariño ante sucedidos que afectaron a la buena convivencia.
Por esto, dejando aparte «el 25 de mayo de 1938» he preferido traer a este Recordar la vivencia de aquel simpático quiosco que situado en la plaza de Pío XII, a partir de los años 50, se dedicó a vender cocinados debidamente ricos pajaritos a precio muy asequible. Fue su propietario don José Berenguer a quien afectivamente llamábamos «el tío Pepe» quien junto a su esposa e hijos regentaba tan característico «quiosco de los pajaritos».
Tenía el tío Pepe sus correspondientes proveedores que eran cazadores de pajaritos a quienes solamente les compraba las hembras ya que los machos se destinaban a la procreación e incluso como «reclamo» de las cacerías de los propios proveedores.
Servía estas pajaritas de gorriones y «verderoles» debidamente fritos acompañados de _Una guarnición de habas calientes. Solía cobrar 5 duros por la docena lo que equivalía a 2 pesetas, precio como se ve muy asequible para nuestros bolsillos con lo que el quiosco de los pajaritos tuvo durante su vigencia una nutrida y continuada parroquia de consumidores, que acudían a todas horas a degustar tan exquisito plato pues para el tío Pepe no había horario comercial ya que como bien me decía hace unos días su hijo y buen amigo mío Manolo, siempre «tenía el haba caliente y el pájaro en condiciones».
Y allí tras el mostrador y atendiendo como su padre a la clientela, podíamos ver a la esbelta y guapísima Mari Berenguer que cierto año fue designada por el jurado correspondiente Bellea del Foc de les Fogueres de Sant Joan, título y banda que no llegó a lucir porque ante una intransigente condición impuesta por su padre con un mal entendido egoísmo de cariño paternal obligó al jurado al que yo personalmente pertenecía, a revocar su primer acuerdo y concederle el título de Dama de Honor frustrando de esta forma la ilusión justa de una guapa mujer. Es este, un dato desconocido en la historia de las hogueras.
Sirva, pues Mari, este comentario como un homenaje cariñoso a quien para mí sabedor y protagonista en cierta manera de los hechos, siempre te consideró mi Bellea del Foc particular en esa capilla interior que poseo dentro de mí y en la que constantemente rindo culto a todo lo bueno que por Alicante ha sucedido.
Recibe mi cariñoso y agradezco tu llamada telefónica interesándote por mi salud.
Gracias guapa Bellea del Foc.

Las Verbenas de Santiago
Raúl Álvarez Antón
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22/08/1999
Las Verbenas de Santiago

N o quiero que se me aleje mucho de las manos julio sin antes comentar algo simpático que en él sucedía hace muchos años. Y era que al llegar el caliginoso mes se despertaban las fiestas en diferentes barriadas de Alicante.
Esto ocurría allá por los años treinta y acudíamos a las verbenas que se celebraban en Las Carolinas, Ciudad Jardín, Vistahermosa, La Albufereta, Benalúa y Playa de San Juan.
Destacaban de ellas las llamadas Verbenas de Santiago, que tenían lugar en los últimos días del mes de julio -según mandara el calendario- en la simpática barriada de Benalúa.
Sabido es el afecto que desde siempre han tenido los alicantinos por Benalúa ya por sus bien trazadas y cuidadas calles, como por su sana atmósfera, ya que por estar plantada de pinos sus calles arrojaban, al decir de los técnicos, mayor índice de oxígeno con respecto al que se respiraba en la ciudad. Y si a ello unimos su proximidad al mar, se comprenderá que Benalúa era una zona preferida por los veraneantes temporales que llegaban a Alicante para alquilar con la suficiente antelación sus viviendas y disfrutar en la playa del clásico novenario de baños.
Incluso los propios benaluenses tenían a gala alquilar incluso habitaciones de sus viviendas para albergar a estos fugaces veraneantes que llegaban a bordo de los popularísimos trenes botijo. Todo ello contribuía a que Benalúa habitara lo que podíamos llamar una destacada colonia de madrileños, por lo que cuando la Comisión de Fiestas organizaba las Verbenas de Santiago se preocupaba en anunciar que lo hacían en honor a los madrileños.
Y era de ver la gran cantidad de madrileñas guapas, residentes o no en Benalúa, que se congregaban en aquellas noches de verbena para pasarlo en grande y recordar su patria chica, pues en estas verbenas no faltaban los concursos de mantones de manila, chotis «la bien plantá», que bailaban con galanura a los compases de orquestinas de guitarras y bandurrias que se contrataban o bien al ritmo del clásico e itinerante «organillo».
En ocasiones, cuando la economía de la comisión lo permitía, se contrataba la actuación de las orquestinas que desfilaban por el Central Café de la Explanada, las cuales lo hacían arriba o al pie del Templete, logrando así una gran animación verbenera en la Plaza de Benalúa y cuyas fiestas se extendían por las calles adyacentes, gozando así las verbenas de Santiago la mayor popularidad y aceptación no solamente por parte de los benaluenses sino también de todos los alicantinos que siempre hemos admirado a la ejemplar Benalúa.
La guerra acabó con esta costumbre de las verbenas, pero bien podrían restaurarse para mantener esa feliz convivencia vecinal.

Talento y el templete
Raúl Álvarez Antón
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05/12/1999
Talento y el templete

E n estos días que se habla y se dice y cierto es, que van a derribar por ruinoso nuestro querido auditorio de la Explanada, me viene a la memoria tantos y tantos hechos acaecidos en torno a este elemento urbano al que hoy llaman Auditorio o la «Concha» pero yo, como muchísimos alicantinos le digo Templete como así denominaba a los que con diferentes estructuras le precedieron y cumplieron su mismo cometido de acoger a nuestra Banda de música en sus habituales conciertos.
De esos recuerdos me place citar hoy uno de ellos y es aquel que protagonizaba un simpático personajillo de la vida cotidiana en numerosas ocasiones en que la banda de música interpretaba su concierto de cara a su público alicantino.
Y era nuestro personajillo un hombre de venerable edad que nacido en Orihuela y afincado en Alicante tomó a pecho las cosas nuestras y así, como manejaba con maestría ese simpático instrumento cual es la dulzaina, acostumbrada algunas tardes a irrumpir en la Explanada interpretando el himno de Les Fogueres de Sant Joan y avanzaba lentamente hasta situarse frente mismo al Templete y allí nuestro personajillo al que llamábamos Talento hacía alarde de pulmón sosteniendo hasta el máximo los calderones de su estrofa musical.
Lo que al término de su interpretación el público le premiaba con una emotiva y fuerte ovación que compartían tanto él como el propio director de la Banda que cuando Talento se situaba frente al Templete no tenía reparos en dar la espalda a sus profesores y dar frente a Talento a quien con la batuta en la mano dirigía entusiasmado la interpretación de nuestro himno de Les Fogueres y así desde el propio Maestro Don Luis Torregrosa autor de la partitura —yo lo vi- y director a la sazón en aquellos tiempos de la banda de música han sido muchos los directores que le imitaron dirigiendo a Talento con el consiguiente regocijo para todos los que nos encontrábamos en torno al Templete y más aún para el recordado.
Talento que se sentía orgulloso del honor que le dispensaban los directores de la banda. Ahora, como decía al principio, de este recordar, estamos próximos a quedarnos sin este Templete, pero me consta que mi admirado y diligente Concejal de cultura Pedro Romero realiza infinitas gestiones para buscarle un lugar idóneo para el nuevo emplazamiento del Templete más creo que tal nuevo Templete debería ubicarse en sitio ligado como siempre a nuestra Explanada pues ya es un elemento carismático de ella, y debiera conservarse esta cualidad.

Alicante y el tabaco
Raúl Álvarez Antón
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08/08/1999
Alicante y el tabaco

N o, no voy a referirme a esa feliz gestión llevada a cabo por nuestro alcalde para que la Fábrica de Tabacos permanezca en Alicante. No.
Gracias amigo Luis por cuanto haces y hagas por este nuestro querido Alicante.
Voy a referirme a un hecho que viví en mi niñez allá por los años treinta. Paseaba yo de la mano con mi abuelo por la calle de San Vicente cuando una modesta persona sencillamente vestida se aproximó a mi abuelo al que al parecer conocía y le dijo: «Señor Antón, le voy a dar una noticia que estoy seguro le llenará de contento como a mí.
Voy a ser más rico que el señor Pilis Morris (por Philips Morris)... Pero, sentémonos aquí a tomar un refresco, que pago yo, porque voy a ser muy rico y se lo contaré todo».
Y en efecto, nos sentamos los tres en un velador de mármol frente al mismo Magritas Club y este amigo que, según mi abuelo, vivía en una humilde vivienda de planta baja en el barrio de San Antón pegado a la falda del castillo comenzó su perorata:
«Usted sabe señor Antón, porque en otra ocasión se lo he dicho, que en mi cabeza está la idea desde hace muchos años de plantar tabaco en Alicante, pero no me llegan lo que dicen son obligados permisos.
Pero como ahora estamos en la República, y tengo un amigo republicano de los pies a la cabeza metido en Madrid en eso de los ministerios, pues me ha llamado para decirme que está haciendo gestiones sobre mi proyecto y que todo parece va por buen camino, y me dice que dentro de poco recibiré el permiso para plantar no solamente una planta de tabaco sino hasta 44.000 plantas de tabaco en toda la provincia. Fíjese usted, 44.000 plantas.
Casi las mismas que tendrá plantadas la isla de Cuba. Así, que imagínese usted el negocio que voy a hacer. La Fábrica de Tabacos de Alicante se va a quedar pequeña para hacer los puros “Benacantil* y “Tossalet” lo que yo digo, a ganar más doloros, digo dólares, que el señor Pilis Morris.
Ya le iré dando cuenta de cómo van las gestiones porque quiero que usted, como buen amigo que es mío, sea el primero en saberlo».
Vino el camarero, le pagó la consumición con una moneda de plata de 2 pesetas y se acabó la información.
Verdad o fantasía, el caso es que la noticia la recogió la prensa de entonces, aunque muy tímidamente, y de este proyecto -verdad o no- ya nunca más se supo.
Y digo yo ahora que he leído y me informan que se quiere crear un fondo de tierra común para frenar el empobrecimiento de la agricultura alicantina, ¿podría ser posible que alguien heredero o no de aquel humildísimo vecino hiciera posible el cultivo de tabaco en la provincia de Alicante?
Todo podría ser.

Cuando llegaba la Navidad
Raúl Álvarez Antón
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12/12/1999
Cuando llegaba la Navidad

C uando como ahora llega la Navidad, no puede uno por menos, que recordar aquellas otras Navidades que vivimos en nuestros primeros años. Pasada la fiesta de la Infantería, era cuando en casa empezaba a notarse la llegada de la Navidad. Mi madre repasaba el armario ropero de arriba a abajo y ella, o con la ayuda de la costurera de casa, emprendía el trabajo de alargar mangas y perneras a los trajes para menguar en lo posible, «lo crecido» durante el año y así quedaba nuestra ropa lista para vestirla en los días de Pascua, y si era preciso se recurría a la compra de alguna prenda para no perder esa tradición de estrenar por las Navidades. Y lo mismo sucedía con la revista a los zapatos que como no admitían alargamiento obligaba a la compra de nuevos zapatos en su mayoría de ese abrillantado charol que tanto tono daba a nuestros vestidos.
Ya el aspecto de la vestimenta resuelto era el jabón «Lagarto», la lejía «La Rana» y el «sidol» los ingredientes que cobraban el máximo protagonismo para realizar la limpieza general de nuestras casas de cara a las visitas que durante los días festivos próximos solían visitarnos y nuestras madres daban y que te daban al sidol para darle el dorado brillo a los varales metálicos de las cortinas y la dorada cerrajería de las puertas de las habitaciones. Todo tenía que estar limpio limpísimo para que nuestros visitantes comentaran tras su visita positivamente el aspecto de nuestras viviendas y en esos días ya se proyectaba la serie de menús que habíamos de cocinar para la Navidad y se recurría a la compra del consabido pavo que los vendedores que llamábamos «Recovecos» vendían en la calle en aquellas apaisadas jaulas de madera que exponían en la calle desde las espaldas del mercado de abastos y seguían por las calles Velázquez y Capitán Segarra a más de conejos y palomos que tentaban nuestra predisposición a comprar.
El menú navideño siempre ha sido una de las preocupaciones en los hogares alicantinos por estas fechas y no podía faltar la llamada «sopa cubierta» que era el plato que más se cocinaba y aquellos de economía mejorada echaban mano del pescado y marisco que siempre era un tanto tabú para los de la clase más humilde.
Y así esperábamos las Navidades sin olvidar —en mi caso— a los maestros de mi colegio a los que mi madre obsequiaba siempre, llegadas las Navidades con preciosas —por lo grandes y sabrosas- ensaimadas que compraba en el horno de Pepito Ripoll ubicado próximo a San Nicolás. Eran ensaimadas de 30 centímetros de diámetro aproximadamente rellenas de cabello de ángel que a mis maestros del colegio de Campoamor «General Primo de Rivera» les gustaba en extremo por la alegría con que la recibían y tales ensaimadas gigantes le costaban a mi madre solamente un duro de plata cada una.
Y los maestros contentos.
Y así de actividad repleta mi casa hasta que llegaba la Nochebuena y la Navidad.

87 años de Banda
Raúl Álvarez Antón
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11/07/1999
Ochenta y siete años de Banda

C omo presumo que son muchos a los que habrá pasado inadvertida, me place como alicantino y admirador que soy de la Banda municipal de Alicante traer a este Recordar un cariñoso recuerdo al cumplir sus 87 años de fructífera vida artística desarrollada con gran brillantez.
Porque desde aquel ya lejano día 3 de agosto del año 1912, en que se dio a conocer con ocasión de la alborada en honor de la Virgen del Remedio mediante un concierto que se ofreció en la Plaza de Alfonso XIII -frente al Ayuntamiento— hasta nuestros días ha llovido mucho para nuestra querida y entrañable Banda y por ende para el buen nombre de nuestra querida ciudad de Alicante.
No voy a entrar ahora, porque no es el objetivo de esta columna, en una reseña histórica y pormenorizada de sus muchos avatares y de su impresionante palmarés artístico, ganado con esfuerzo a lo largo de todos estos años.
Creo que de estas cuestiones ya habrán dado cumplida cuenta los historiadores, comentaristas y expertos en la materia, pero nadie se ha destacado ofreciendo un homenaje a tan valiosa y laureada institución musical alicantina. Fue en el año 1932 cuando la propia Banda celebró su 20 aniversario programando un concierto con el mismo programa que el día de su debut, esta vez en el Paseo de los Mártires y también con una comida celebrada en el restaurante La Alhambra al que asistió su primer director, mi buen amigo Don Luis Torregrosa, su fundador, y el subdirector Don Daniel Llopis y a cuyo banquete dejaron notar su ausencia destacadas entidades musicales de aquella época y cuyas ausencias fueron debidamente censuradas por la Prensa de entonces.
Hoy por lo menos aún no ha organizado ninguna entidad el justo homenaje que merecen nos consta que todo buen alicantino cuando lea esto le tributará en su corazón el justo homenaje que merece directores y profesores de la Banda Municipal de Alicante de la que nos sentimos muy orgullosos. Vaya pues en este 87 aniversario ya camino del centenario, nuestro testimonio de agradecimiento a cuantos la componen y han desfilado por ella al servicio del buen nombre de Alicante.
¡Felicidades! y un fuerte abrazo Bernabé, extensivo a todos los músicos y que lleguemos a ese centenario, repito ¡Felicidades!

Tenorio y los Santos
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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07/11/1999
Don Juan Tenorio y Todos los Santos

P ermítanme mis distinguidos y amigos lectores que hoy manifieste mi agradecimiento por la honda satisfacción que ello me produce, a todos aquellos que al sentirse mentados en mi «Recordar» se apresuran a llamarme por teléfono y testimoniarme su «enterado» y agradecimiento.
Así, recientemente me llamaron, entre otros, don Francisco Pérez, hijo de «El Pelut», que se emocionó al citar yo a su señor padre en la inauguración del cine Altamira de San Blas; otro comunicante me ha solicitado datos sobre aquel vecino del barrio de San Antón al que allá por los años treinta se le autorizó a plantar hasta 148.000 plantas de tabaco en Alicante y también he recibido recientemente desde Lugo una llamada interesándose por el nombre de aquel vendedor de rifas que murió tras arremeterle el toro desmandado, del que hablé recientemente por creer que tenía síntomas de parentesco con este protagonista, y así muchos más testimonios que atestiguan el interés que despierta cuanto escribo en este pequeño espacio que lo tiene más cometido que el de mantener constantemente un recuerdo cariñoso a este entrañable Alicante que se nos fue de las manos en el curso de los años.
Ruego se den todos por cumplimentados por mí, ya que no puedo hacerlo individualmente dado mi estado de salud, pero saben que me hago eco en todo momento de sus emotivas reacciones en cuanto leen las cosas de nuestro Alicante.
Y dicho esto aprovecharé el breve espacio que me queda para citar -como tú, Antonio, me lo pides— esa página tan característica de la festividad de Todos los Santos como era la aparición en las paredes de los edificios, pegados, aquellos carteles abundantes en gran tipografía negra que anunciaban Don Juan Tenorio. Porque era un matrimonio indisoluble hasta hace muy pocos años el de Don Juan Tenorio y Todos los Santos con su cortejo de flores, níspolas, castañas asadas, huesos de santo, torrijas y abrigos, y hablando de tenorios, diremos que en mi época, a más de alguna importante compañía que representaba el importante drama de Zorrilla destacaban en su puesta en escena lo más destacado de la vasta e importante nominilla de actores de que gozaba Alicante.
Y de ellos me place destacar a Pepe Moreno, primer y excelente locutor de Radio Alicante que encarnaba maravillosamente al Tenorio de turno y junto a él también recuerdo a Manolo Álvarez «Petaca», que encarnaba deliciosamente el disciplinado Ciutti.
Y en torno a ellos cabe recordar también los nombres de Antulio Sanjuán, Lolita Latorre, Antonio Prieto y Cecilia y Álvaro Salazar, quienes rivalizaban en dejar bien sentado en el escenario el buen nombre que como actores gozaban entre nosotros y aun fuera de nuestros límites.
Hoy ya no se hace el Tenorio -¿por qué?-. Y apenas se ven los huesos de santo, aunque las amas de casa lo suplen con las deliciosas torrijas que tanto gustan a los peques y a los mayores.
Del mal, el menos!.

El viejo reloj del Ayto.
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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03/01/1999
El viejo reloj del Ayuntamiento

H emos entrado en un nuevo año que yo deseo sea feliz para todos y le recibimos al son de las doce campanadas de nuestro reloj del Ayuntamiento. Por este motivo y porque muchos de ustedes quizá no lo recuerden me permito dedicarle en este mi «Recordar» una cariñosa mención a quien durante tantos años acompañó la despedida de un año y entrada de otro.
El recuerdo surge porque este veterano reloj está a punto de entra en la Tercera Edad, ya que en marzo cumplirá 65 años. Dejando aparte aquellos relojes que durante los siglos XVII y XVIII sonaron en San Nicolás y en Santa María, de cuyas vicisitudes cabe que se ocupen los historiadores, yo me ciño a éste que todos conocemos y que acaba de marcar el paso para el nuevo año.
Y su vida nació en el mes de marzo del 1934 cuando el Ayuntamiento decidió sustituir el antiguo reloj averiado por uno nuevo porque, ateniéndonos al refrán, el Ayuntamiento pensó que iba a costar más el collar que el galgo, por lo que desistió de la reparación y dispuso tras el consiguiente pleno, la fabricación de uno nuevo.
De ello se encargó la entonces prestigiosa fábrica de relojes monumentales Blanco y Liza, ubicada en el pueblo de Roquetes, y en el mes de marzo del citado año se desplazó a Alicante el propio señor Blanco para instalarlo personalmente.
El reloj que hacía el número 153 de los fabricados por esta afamada industria estaba construido con acero y piezas de bronce fosfórico y tenía un sistema automático eléctrico que ponía en movimiento el reloj cuando la cuerda de le acababa. Si todo fallaba poseía marcha para 22 horas.
Con la implantación de este reloj tras unas modificaciones en la torre donde estaba y de la esfera se puso en marcha y ya se prescindió del relojero municipal.
Este cometido lo realizaba un capataz de la brigada municipal de alumbrado, que se llamaba Antonio Sabater y al que afectivamente los amigos más íntimos le llamábamos «Rompetechos» a tenor de su menguada figura.
Y así desde el 1934 viene abriendo con su sonería horaria las puertas de cada año y digo que entra en la tercera edad porque lógicamente el próximo año cumplirá sus sonoros 65 años de vida en favor de la ciudad.
Felicidades pues a este viejo y simpático reloj que un año más ha estado con nosotros.
Y que dure, siempre, en paz.

Barrio de Los Ángeles
Enrique Cerdan Tato
LA GATERA
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17/02/1996
Barrio de Los Ángeles

S egún se cuenta y recogen algunos de nuestros más relevantes cronistas, allá por el siglo XM, un leñador descubrió en un frondoso pinar, situado en una elevación a un kilómetro de Alicante, hacia el N.O. una labia de unos setenta por cuarenta centímetros, en la que se representaba «la Virgen, que aparece de medio cuerpo, con un rostro simpático, inclinándose éste, como su mirada dulce y amorosa, hacia un Niño-Dios que sostiene sobre el brazo izquierdo» de acuerdo con la descripción de Rafael Viravens, quien conjetura que dicha tabla muy posiblemente fue enterrada «allá por los años 716, al ser expulsados los cristianos por los árabes que invadieron todas estas tierras».
Al margen del elemento legendario que pudiera contener este acontecimiento, es lo cierto que el vecindario levantó, en aquel lugar, un eremitorio a la imagen descrita que denominó de Nuestra Señora de Los Ángeles. De aquí tomaría su nombre la entonces partida rural, en la que se había producido el singular hallazgo. En 1440, el referido eremitorio fue ocupado por nueve religiosos de la comunidad franciscana; hasta que, en 1515, se trasladaron a un convento, cercano a la ciudad, donde más tarde se levantaría la iglesia y el cuartel de San Francisco, y posteriormente la iglesia de Nuestra Señora de Gracia.
La devoción a la Virgen de los Ángeles atraía al paraje a numerosas personas. "El día dos de agosto celebrase en este templo una solemne función religiosa en honor de nuestra señora, ganándose el jubileo de la Porciúncula, por especial privilegio de Urbano VIII».
Según Gonzalo Vidal, aquella Virgen fue aclamada «como patrona de los alicantinos», y desde entonces, en el pendón real que el Ayuntamiento solía utilizar, aparecía la bella imagen, sostenida por un grupo de ángeles y bordado en seda de oro.
La ermita se desmoronó lentamente, hasta que en 1951, el obispo de Orihuela, Felipe Herrero Valverdo, hizo que se edificara otra de menor tamaño donde se diera culto a Nuestra
Señora de los Ángeles. En 1931, el once de mayo, se produjo la irracional quema de conventos.
«Pero tengo entendido —escribió Gonzalo Vidal en el periódico «El Día»— que (la i m a g e n ) está guardada por personas beneméritas, que supieron salvar de la hecatombe tan preciado tesoro». En 1935, definitivamente, fue de molida la ermita de Los Ángeles.

A San José, buñuelos
Raúl Álvarez Antón
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07/03/1999
A San José, buñuelos

A penas se conserva ya esa tradición, pero desde niños, y lo añoro, he conocido que a la llegada del día de San José eran frecuentes las fritadas de buñuelos en casa, a la par que en la calle aparecían los tenderetes con sus grandes sartenes friendo a nuestra vista los ricos buñuelos, buñuelos que en cada parte de la provincia tenían un toque especial para darles toque de naturaleza en su lugar.
Y el día de San José era un día muy celebrado en nuestras casas porque raro era que en alguna de ellas faltara un Pepe, un José o un Pepico, y la familia le agasajaba por todo lo alto en el día 19, con lo que el Pepe, el José o el Pepito, que venían a ser los jefes de la familia, lo pasaban en grande junto a sus hijos y nietos, que lo colmaban de tarjetas felicitándole en su santo e incluso algún nieto que otro le recitaba puesto en pie encima de una silla una breve poesía que había compuesto en el colegio con la ayuda total del maestro de tumo.
Y junto a las bandejas de milhojas, merengues y otros dulces, solían aparecer las bandejas y los platos con buñuelos recién comprados en la calle o hechos en la cocina por la mamá.
Hoy ya casi ha desaparecido esta tradición tan encantadora y se ha suplido con el llamado Día del Padre, argucia ésta de que se valen los comerciantes para hacer su agosto, aunque sea marzo.
Pero parece que la cosa va bien, pero yo sigo añorando aquellas noches de la buñolada.
Son los tiempos...

Aquella cuadreta
Raúl Álvarez Antón
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16/05/1999
Aquella cuadreta

A sí como «cuadreta» conocíamos afectivamente a la cuadra que existió al principio del Paseo de Campoamor según se entra, a mano derecha, lindando con la carretera de Villafranqueza. En esa cuadreta, un local de envigado rustico de madera y pesebres adosados a lo largo de sus 4 paredes se daba cobijo a los caballos de la Policía Municipal montada que existió en los años treinta en Alicante.
Tenía la Policía Municipal montada al cabo Manuel Serrano como persona emblemática de este cuerpo y a él le gustaba lucirse en desfiles o en procesiones montando su caballo y encabezando los mismos.
Gozó el cabo Serrano de general simpatía por su carácter amable y servicial y años más tarde continuó gozando de gran popularidad al ejercer el cargo de jefe del grupo de Endogaladores de la Plaza de Toros de Alicante, y en los días de corrida se le veía dando instrucciones al personal, de mulillar desde el callejón de la plaza, en el momento del arrastre de las reses lidiadas.
Muchos años después sería su hijo Manolo quien así mismo desempeñaría esta función en la Plaza de Toros gozando también del general aprecio de cuantos teníamos más o menos vinculación con la fiesta de los toros.
En el año 1933 comenzó a comentarse la necesidad de eliminar la cuadreta y el almaceni11o contiguo como también retranquear la pared del patio de caballos de la Plaza de Toros para reestructurar el acceso a la carretera de Villafranqueza —hoy, avenida de Jijona—, desde la plaza de España.
Sólo muchos años después tuvo lugar la eliminación de aquella popular «cuadreta» dando lugar con el paso del tiempo a lo que hoy es edificio de Sanidad.
Pero el recuerdo de aquella «cuadreta» y el apuesto cabo Manolo Serrano quedó para siempre entre nosotros que lo vivimos en la niñez.

Aquellas orquestas
Raúl Álvarez Antón
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29/02/1999
Aquellas orquestas

F ue mediado los años treinta, cuando Alicante, imitando a Sevilla decidió implantar la modalidad de orquestinas en los cines. Estas orquestinas actuaban en el intermedio de las proyecciones cinematográficas y con las luces encendidas totalmente de la sala del patio de butacas interpretaba unas «piezas» del momento mientras el público aprovechaba este descanso para charlar largo y tendido con el vecino de butaca, y «estirar las piernas».
El costo de esta orquestina lo sufragaba el espectador, ya que al adquirir en taquilla la correspondiente entrada, mediante el pago de 10 céntimos adquiríamos un tiquet cuyo importe se destinaba al pago de la orquesta. Este sistema de la orquestina de cine implantó en toda España a fin de remediar en lo posible la grave situación económica que sufrieron entonces los músicos.
Y para corroborar cuanto decimos y porque me gusta dejar constancia de datos para futuros historiadores citaré el texto de una tonadilla que obra en mi archivo y que en aquellos tiempos se popularizó entre nosotros certificando la débil situación económica de los músicos de entonces.
Y decía así la tonadilla:
«Somos cuatro musicales que estamos presentes,
y hace más de cuatro meses,
que no hemos comido caliente.
Telarañas en la boca vamos a criar,
y el que toca el clarinete se ha tenido que marchar.
Y el de los platillos, dijo esta mañana,
qué ganas que tengo, de comer arroz con habas,
y un pucherito dijo el del tambor,
y al oír estas palabras,
cayó desmayado el señor director».
Esta cancioncilla la repetíamos una y otra vez y venía a ser como una
postura solidaria en favor de nuestros amigos los músicos que por lo visto no gozaban «de buena salud» económica.
Asimismo dejando constancia de esta penosa época quedó para la posteridad el dicho: «Pases mes fam que un music».
Hoy, gracias a Dios todo pasó ser historia.

Aquellos belenes
Raúl Álvarez Antón
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19/12/1999
Aquellos belenes artesanales

E n mis tiempos juveniles no conocía a Santa Claus ni el árbol de Navidad. Sólo hacía presencia en nuestras viviendas al llegar la Navidad el bonito y clásico belén que de mayor o menor tamaño siempre lucía en la Nochebuena de cada año y adorábamos durante los días de la Natividad del Señor. Mi abuelo era muy mañoso y me orientaba y ayudaba a hacer el belén de cada año.
El señor Tónico «el estanquero» me proveía de la madera de los cajones en que le servían el tabaco y mi vecina tendera, la señora Amanda me surtía de otra clase de madera más dura que era la de los cajones de botes de leche «La Lechera».
Sierras, martillos y clavos entraban en acción para hacer el esqueleto del belén que luego recubríamos con papel de estraza a remojo y engomado y también cartón para hacer los montes, cuevas y senderos sin olvidar trozos de vidrio para simular arroyos, ríos y lagos y también el algodón en rama con que a modo de nubes ribeteábamos la embocadura del belén.
Y allí al fondo y por los senderos, colocábamos las consabidas figuritas de la Virgen y San José, la mula y el buey y los infinitos borreguitos que comprábamos en los acreditados comercios de Casa Rico y Casa Parreño de la calle Mayor, este último y así festejábamos con ilusión el nacimiento de Jesucristo, epatando con disimulada vanidad a otros vecinos que alardeaban de belenes.

Aquellos exploradores
Raúl Álvarez Antón
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01/11/1998
Aquellos exploradores Boys-scouts

H oy les llamamos Boys-scouts, pero en aquellos tiempos les llamábamos sencillamente exploradores.
Tenían su cuartel-sede social en la calle de la Concepción y allí efectuaban en múltiples ocasiones sus exposiciones de trabajos manuales o artesanales como así plantaban sus tiendas de campaña.
Eran los exploradores un numeroso grupo de jóvenes correctos muy educados, pertenecientes a destacadas familias alicantinas y que gozaban de la simpatía y admiración de todos los alicantinos, especialmente de las mocitas casaderas porque con sus uniformes (pantalón de pana marrón, blusa de dril del mismo color, sombrero de ala ancha y cuerda y pito en navaja pendiente de la cintura) ofrecían una imagen que gustaba mucho a las jovencitas de entonces por lo que tenían gran partido entre ellas.
Se clasificaban por patrullas y les distinguía de una a otra el color del pañuelo anudado al cuello, que ostentaban según la edad que tuvieran.
Los exploradores, practicantes del escultismo realizaban sus excursiones dominicales que previamente anunciaban a través de la Prensa y así podía leerse, por ejemplo: «La patrulla de los Lobatos hará su excursión a la pinada de la Albufereta y deberán llevar comida para todo el día y cantimplora llena de agua».
En ocasiones además de la comida y la cantimplora con agua si la excursión era más larga se pedía llevaran una peseta para pagar el viaje de regreso en tranvía. Los exploradores, que tenían incluso himno propio del que recuerdo sus primeras estrofas decía «seréis para ser buenos, mejores cada día con este faro-guía cumplid vuestro deber. Exploradores niños y valientes...*, himno que se popularizó y solían cantarlo mucho los niños que éramos entonces.
A su vuelta de las excursiones solían hacer la parada en donde «rompían filas» en el Paseo de Campoamor y allí llegaban con sus mochilas al hombro y cerrando el cortejo un simpático «carrito paellero» que arrastrado por un borrico portaba los trébedes y paellas con que habían cocinado sus viandas a lo largo de su jornada de excursión.
Destacados nombres que luego han sido prestigiosos comerciantes en la ciudad como Correa, Várela, Espuch y otros militaron en sus filas en donde, llegado el carnaval, destacaban también algunos de ellos formando humorísticas Peñas que daban la nota simpática en las fiestas carnavaleras.
Vaya pues nuestro recuerdo a aquellos que amaron a la naturaleza y al prójimo conjugándolo con ese, su hobby del escultismo.

Arenas y troles
Raúl Álvarez Antón
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21/03/1999
Arenas y troles

L lega nuestra Semana Santa y un año más volveremos a revivir con amor celestial la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Tiene nuestra Semana Santa alicantina mucho que enseñar a los de hoy, pero quede para mis amigos los historiadores el bucear y rescatar datos documentales de estas efemérides.
Por mi cuenta y por mor del poco espacio de que dispongo me limitare a pintar una breve acuarela de lo que fue mi Semana Santa vivida muchos años atrás.
Comenzaré hoy por recordar aquella época en que se enarenaban algunas calles céntricas de Alicante que todavía no conocían el adoquín de pórfido y sólo el adoquín de madera perfectamente ensamblada al suelo. Se enarenaban las calles porque así se menguaba el ruido del tráfico en atención a que «había muerto el Señor» y no se permitía, incluso, que el tráfico y los tranvías pasaran por la ciudad.
Para ello cuando los tranvías procedentes de San Vicente. La Florida y extrarradios llegaban a la Plaza de Toros el conductor cogía la cuerda del trole, pegaba un tirón y cambiaba la dirección del trole, devolviendo al tranvía a su lugar de origen.
Por qué no se podía parar por Alicante, porque el Señor estaba muerto y así un día y otro hasta que tocaban a «Gloria» con lo que las privaciones finalizaban por ese año.
Y asimismo, los carabineros que tenían su cuartel en la calle de San Vicente iban y venían a cumplir sus cometidos de vigilancia en las garitas de la playa del Postiguet con la «tercerola» colgada del hombro y mirando boca abajo porque no podía apuntar al cielo porque había muerto el Señor, y luego por si faltaba algo, en casa no nos dejaban chillar ni decir una palabra más alta que otra, porque también había muerto el Señor.

Bienvenido, San Vicente
Raúl Álvarez Antón
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11/04/1999
Bienvenido, San Vicente

I ndependientemente de lo que marque el calendario oficial, los alicantinos, los sanvicenteros y todos los vecinos de la comarca acostumbramos a festejar a San Vicente en la semana siguiente al domingo de Pascua.
Así es obligado, como en nuestra niñez, a visitar a San Vicent Ferrer en su iglesia cada año que llega su festividad y esta fecha encierra gratísimos recuerdos de nuestra pasada niñez, pues los que vivíamos en Alicante emprendíamos el camino por la carretera cantándole a nuestras mozas preferidas las canciones propias de estas romerías.
Quienes no teníamos fuerzas para llegar a pie desde la Plaza de Toros a San Vicente, hacíamos una parada en Los Ángeles, frente a la tienda de la señora Manola, pues allí el tranvía nº1 hacía su parada para hacer el cruce con el n" 3 descendente. Este tranvía, que venía repleto de viajeros desde San Vicente, vaciaba algunos pasajeros, cuyas plazas ocupábamos nosotros, que bajábamos con este tranvía a Alicante y hacíamos todo su recorrido habitual para volver a emprender el camino de San Vicente, ya que de esta forma teníamos plaza asegurada para San Vicente.
Años más tarde haríamos el trasiego de tranvías en el simpático apeadero que la compañía de tranvías construyera Ciudad Jardín.
Llegábamos a San Vicente en fiestas y una de nuestras malas costumbres era la de robar los «gaiatosi», pues los vendedores habituales de esta mercancía solían plantarlos apoyándolos en las paredes de las casas, por lo que era fácil hacerse con alguno de ellos sin pagar una peseta.
No puedo dejar de citar la emoción que me produjo cuando en los años 40 cumpliendo mi servicio militar en el 32° Regimiento de Aviación de guarnición en Rabasa, fui designado como custodia del santo y recuerdo lo que yo «chuleé» como cabo gastador de mi escuadra desfilando en la procesión dando guardia de honor a San Vicent «El Cheagant» -San Vicente, «El Gigante grande»-, como cariñosamente denominamos al santo patrón numerosos devotos de la comarca.
Bienvenido un año más San Vicent «El Cheagant» a las calles sanvicenteras.

Aquellos días de Reyes
Raúl Álvarez Antón
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10/01/1999
Aquellos días de Reyes

Y a hoy podemos decir que con el día de Reyes ha finalizado el ciclo festero de las Pascuas Navideñas, los niños la gozan con sus juguetes y a los mayores les ha llegado la etapa de paz tras las fiestas navideñas.
Muchas son las diferencias entre los Reyes de hoy a los que vivimos en nuestra niñez, cuando los padres se veían y deseaban para traer a casa los juguetes y esconderlos en casa para que no estuvieran al alcance de nuestra vista hasta el día jubiloso del 6 de enero.
Hoy ya se ha perdido en parte aquella tradición. La aparición del intruso Santa Klaus en la Nochebuena ha menguado la ilusión de Reyes. Entonces los niños manteníamos el suspense sobre quienes eran los Magos, pero hoy saben más que Lepe y no hay quien les mantenga la inocencia que caracterizaba entonces esta fiesta.
Ya no se ponen zapatos en el balcón con la dosis de algarrobas para los caballos de los Reyes Magos y ya no vamos a depositar la carta como antes se daba a los Reyes que de escayola se mostraban a la puerta de los establecimientos de Casa Parreño.
También recuerdo aquellas incipientes cabalgatas que partiendo de «La Cuadreta» de la Policía Municipal -situada al principio del Paseo de Campoamor- seguían paso arriba pasando por el Asilo del Remedio hasta llegar a la Casa de Beneficencia donde los niños esperaban con ilusión el cortejo para recibir los correspondientes juguetes.
El cortejo lo componían soldados del Regimiento de Infantería de la Princesa, vestidos de centuriones romanos, dando cortejo a los tres Reyes, siendo uno de ellos como más popular el médico don Ramón Guillen Tato que por sus especiales características encamaba siempre al rey negro.
Hoy las cabalgatas en manos de la Comisión Gestora y del Ayuntamiento han logrado una cumbre elevadísima de calidad y ostentación y los niños -no todos- siguen con expectación su paso por las céntricas calles de la ciudad sabedores de que con seguridad a la mañana siguiente despertarán con juguetes seguros en casa.
Ya no ha lugar a aquellos cánticos de nuestra niñez que según la letra nos vaticinaban el «sí juguetes» o el «no juguetes», como por ejemplo, aquella de que los Reyes vinieron por la montañeta, que nos cantaba mi madre, para decimos que «a los niños le traen una caja de puñetas» con lo que oído esto comenzaban las lamentaciones.

Aquellos gigantes y cabezudos
Raúl Álvarez Antón
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09/05/1999
Aquellos gigantes y cabezudos

N o, no quedan ya. Si acaso algún cabezudo o cabezota entre la gente que constituimos esta amorfa humanidad. Pero aquellos simpáticos y variopintos gigantes y cabezudos de que dispuso Alicante desde hace muchos años y que en su momento estuvieron bien cuidadísimos a nuestras fiestas mayores de les Fogueres de Sant Joan y otras, de esos ya no queda nada o posiblemente unos desastrosos residuos escondidos por los locales de talleres municipales muy próximos a nuestro buen amigo Ginés.
Y digo que desde hace muchos años gozara Alicante de gigantes y cabezudos porque en los libros antiguos de escritores alicantinos, en ellos leo que allá por el año 1692 y en ocasión de las fiestas del Corpus Christi salió a la calle una nutrida comparsería de gigantes y cabezudos que fue la admiración de propios y extraños.
No quiero entrar en detalles históricos que como siempre digo compete ello a mis amigos los historiadores, pero creo recordar que fueron confeccionados en un taller especializado de Zaragoza. Y esos gigantes y cabezudos tuvieron vida activa a lo largo de los años, máxime cuando al llegar nuestra fiesta de les Fogueres se le vinculó en numerosos desfiles como fiesta mayor de Alicante que era como así de las del Corpus Christi.
Y pasaron los años y lógicamente se fueron paulatinamente deteriorando hasta el extremo de que hoy son una auténtica ruina y prácticamente inservibles. Hace varios años —no muchos— la ciudad de Elda restauró su comparsa de gigantes y cabezudos y la presentó con motivo de sus fiestas con el beneplácito de todos los eldenses.
Otro tanto podría hacer Alicante, porque no vamos a reseñar aquí, como si fuera una picota, los nombres de los responsables del desaguisado actual en que se encuentran nuestros simpáticos gigantes y cabezudos pero ateniéndonos al refrán de «a lo hecho, pecho», viene ahora la pregunta obligada, ¿por qué no se emprende por parte de la Concejalía de Cultura y por el departamento de Cultura de la Diputación la restauración de esta simpática comparsería que se muere de pena en un rincón de talleres municipales?.
Estoy seguro que mis amigos entrañables y admirados Pedro Romero y Miguel Valor no dejarán que todo Alicante —los alicantinos que sentimos de verdad amor por la tierra se lo agradeceríamos infinito—. ¡Ánimo pues!. Estoy seguro que los excelentes artistas del gremio de hogueras acogerían con gran entusiasmo la restauración de estos nuestros gigantes y cabezudos que tanto bien harían a los desfiles en las fiestas de las Hogueras.
Gracias a todos.

Don Liborio y sus muñecos
Raúl Álvarez Antón
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14/03/1999
Don Liborio y sus muñecos

A hora que a diario nos traen los medios de comunicación tan lastimeras escenas diarias quiero paliar un tanto este sinsabor recordando a los
muñecos que en mi niñez y aun para los mayores dieron sesiones de buen humor.
Y como quiera que hasta la fecha ha sido irrepetible el arte de aquel ventrílocuo que dominaba la voz gástrica sin que moviera lo más mínimo sus labios o mejillas.
Este gran ventrílocuo que gozó de la popularidad no solamente en Alicante sino en cuantos teatros actuaba fue el valenciano Pepe Sanz, quien con sus muñecos lograba entretener a la concurrencia con sus chistes y ocurrencias.
De sus muñecos preferidos y que popularizó en sus actuaciones en nuestro antiguo teatro de verano, destacaron y su recuerdo no olvidaremos jamás Don Liborio, Juanito el Travieso y El Torero.
Era de ver cómo la gozaba el público cuando Don Liborio agarraba la perra con aquel sermoncillo del desahucio que decía:
«Perón don José no me eche usted a la calle», y así una y otra vez hasta que el escenario se convertía en una auténtica carcajada.
Este sermoncillo lo asumimos gran parte de los alicantinos de entonces y lo repetíamos gritando queríamos resolver una cuestión impertinente.
Hoy vemos a través de la tele a varios ventrílocuos, que sin restarle mérito a su actuación dejan mucho que desear para parecerse a aquel impertérrito Pepe Sanz.
Durante muchos años fue Don Liborio y sus muñecos el amigo de todos y siempre encontraba a mano un chistecito para hacer reír y olvidar nuestras penas que también era muchas.

El «cementerio» rodante
Raúl Álvarez Antón
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31/01/1999
El «cementerio» rodante

N o es que la necrópolis de San Blas anduviera de una parte para otra sobre ruedas cambiando constantemente de lugar, no.
Me refiero a aquel antipático tranvía que en su parte delantera llevaba colgada una chapa metálica en la que se podía leer la palabra «Cementerio», y de esta forma daba una y otra vuelta a la ciudad, amargándonos la vida a diario por recordamos cuál era nuestra última morada.
De este modo, cuando estábamos sentados en la cafetería de la Explanada tomando un café o un refresco y pasaba el referido tranvía «gafe» del
«Cementerio» nos sentaba mal lo que estábamos degustando en ese momento.
Y este malestar fue poco a poco generalizándose hasta que llegó a oídos del Ayuntamiento -mi abuelo personalmente hizo su protesta ante el propio alcalde-.
Un buen día, tras un pleno celebrado por la corporación municipal, se acordó eliminar este título de «Cementerio» yen su lugar el tranvía de marras lució a partir de entonces otro cartel que decía «Florida Alta», lugar en donde estaba situada la nueva necrópolis de la ciudad.
Y así, aquí paz y allí gloria.

Fin y nuevo año
Raúl Álvarez Antón
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27/12/1998
Fin y nuevo año

U n año mas ha pasado por nuestras vidas y el que se avecina esperamos sea mas feliz que el pasado. En estos días navideños la gente, como de siempre se viene comentando, se torna mas amable, cariñosa y solidaria, y hay una euforia de optimismo que Dios quiera se mantenga por siempre.
Y en esta semana, cuantos y cuantos cifraron su ilusión en el sorteo de la lotería de Navidad, a la espera de que la economía de un salto prodigioso y nos ayude a pasar un próximo año feliz.
Ilusión que se mantiene desde que el día 5 de marzo de 1812 se celebrara el primer sorteo de la torería Nacional en España, que como es sabido se creo durante la guerra de la Independencia española.
Y en estos días llegan a casa los Christmas de felicitación de familiares, amigos, entidades, como también aquellas inolvidables tarjetas que recibíamos años ha, que en mano nos las entregaban y recibían a cambio un duro año más ha pasado por de plata o una moneda de 2 pesetas nuestras vidas y el que se tas de plata, según sus servicios,
avecina esperamos sea tales como eran «El Regador», «El Encendedor de la calle», «El Banastero» (el basurero), y no podía faltar la de «El Vigilante», personajillo éste muy necesario y útil en aquel entonces y que hoy mismo de nuevo se intenta implantar en su calidad de «Sereno».
Y luego venia la noche última del año, Nochevieja, con su fiestecilla en casa o en la de los amigos, con las consiguientes 12 uvas, rito pagano que nos mentalizaba para un venidero año próspero y feliz.
Y ese ¡Feliz Año Nuevo! que repetíamos una y otra vez a cuantos encontrábamos a nuestro paso. Dios quiera que se repita en el presente.
¡Feliz Año Nuevo, amigos!

La Peña El Pi
Raúl Álvarez Antón
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25/04/1999
La Peña El Pi

A hora que en estos días ponemos punto final al ciclo de romerías y fiestas moneras, que poblaron las hondonadas y nuestros queridos montes,
me es grato recordar aquella sencilla y afectiva Peña de vecinos que, moradores de la calle Marqués de Molins y adyacentes, se dirigían para festejar las fechas rojas del calendario en completa convivencia al aire libre.
Ese aire lo disfrutaban en el Tossal de San Femando -no en el Monte Tossal como bárbaramente se suele decir-.
Pues bien, en la primera explanada que ofrenda la amplia avenida de acceso del Tossal, solían reunirse los fines de semana y días festivos aquel grupo de vednos, que ponían sus mesas y sillas para saborear almuerzos y comidas-meriendas en la más completa armonía ente cantos de los mayores y juegos de los niños.
Llegó un año, ante la asiduidad de estos peñistas, que el Ayuntamiento les instaló un enchufe eléctrico al que enchufaban uno de los primeros
tocadiscos existentes en la ciudad.
Podían escucharse las melodías de, entre otros, Bernard, Hilda y sus muchachos, o de Mari Carmen y sus muñecos, con lo que organizaban cariñosos y entretenidos bailes durante la jomada.
Tenía la Peña El Pi su distintivo, un gorro americano de tela en el que había bordado un pino, e incluso su pequeño himno, en el que se adulaba a las mujeres e hijas, incitándoles a esmerarse en la confección de la comida y el «armosaret».
Los componentes de la Peña pagaban sus cuotas semanales, de cierto importe los mayores y de menor los niños, con cuyos fondos costeaban las cajas de cerveza o mantenían recipientes con la llamada «zurra» durante toda la jornada.
Al anochecer recogían y se emprendía el camino a casa.
Entre canciones y habaneras se despedían hasta la jornada próxima. La Peña El Pi fue modelo de convivencia sana y económica y consiguió muchos adeptos durante los años que se mantuvo.

La tacita de plata
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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20/01/1999
La tacita de plata

A sí, como «La tacita de plata», se conoció durante la década de los años treinta a nuestro querido Alicante. Fue una frase feliz -hoy diríamos eslogan publicitario que sirvió para difundir a lo largo y ancho de España las innumerables virtudes que caracterizan a nuestra ciudad, en aquellos tiempos en que pretendíamos, y lo conseguimos, darnos a conocer fuera de nuestras fronteras.
Había incluso una simpática y breve sardana que yo aprendía a cantar en mi siempre recordado colegio del paseo de Campoamor cuya letra ya casi nadie recuerda (verdad don Pedro López Escudero) lamentablemente y que ensalzaba Gastón Castelló las características magníficas de nuestra ciudad.
Recuerdo que empezaba así:
«Xiques rotjes y morenes de mirar apasionat,
que sabeu llevar les penes conforme els han donat,
y seguin. Yo soc fiil de La Terreta,
que es de bonica un encant,
i es de plata una taceta,
el meu volgut Alacant».
¿Es así, querido maestro don Pedro López Escudero?
Y esto de «La tacita de plata» se difundió rápidamente por toda España hasta el punto de que otra ciudad quiso también arrogarse el calificativo para ella pero no prosperó porque la gente siempre asociaba el nombre de Alicante a «La tacita de plata».
Nuestro siempre recordado Gastón Castelló oreó lo de «La tacita de plata» como lema de una de sus magníficas hogueras y la prensa nacional en ocasiones también recordaba a Alicante con este sobrenombre.
Fue pues el slogan pionero de promoción turística antes de que se adoptara el de INFORMACION «La millor térra del món». No estaría de más
que ahora que tanto se preocupan de nuestra promoción turística desenterraran y sacaran a la luz para diversos acontecimientos lo de «Alicante, la tacita de plata», aunque la verdad es que hoy ya es «Tacita de oro».

Maruja de Montaverner
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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18/09/1998
Maruja de Montaverner

P ermítanme, que hoy, mis entrañables amigos lectores dé las gracias públicamente a cuantos me llamáis para mostrarme vuestra satisfacción por la lectura de mis comentarios en este «Recordar», especialmente por cuanto dije del léxico taqueríl de ciertos entes televisivos.
Pero quiero dedicar mi capítulo de gracias de hoy a José María Abad Buil, quien, desde Madrid, me ha remitido una entrañable carta en la que me manifiesta que él como alicantino y otros muchos nacidos acá y hoy residentes en Madrid, acostumbran a leer mi comentario dominguero y recordar aquellos tiempos de los años treinta que yo cito ya que fueron los años gratos -según me dice de su niñez y mocedad-.
José María Abad Buil -me dice- es nieto de don Ignacio Buil inolvidable maestro de primera enseñanza que me dio a mí y a otros muchos clase en él, por mí inolvidable y recordado a veces en mis comentarios. Colegio del Paseo de Campoamor por lo que cuando cito a éste -me cuenta- le emociona vivir aquel pasado.
Con la satisfacción que me ha producido saber que muchos alicantinos, allá en Madrid, me leen por recordar nuestro Alicante, manifiesto que ello me estimula grandemente para continuar en mi cometido de mantener vivo el recuerdo por aquel Alicante que se nos fue. Y paso ya al tema de hoy.
Fue Maruja Tomás es un nombre que el tiempo ha arrinconado en el olvido. Maruja de Montaverner una guapísima vedette de los años treinta que venía frecuentemente y actuaba en nuestros teatros especialmente en aquel popularísimo teatro de verano tan emblemático de nuestra mocedad.
Cierta noche actuando en este teatro de Verano Maruja de Montaverner con su arrevistado espectáculo, nos sorprendió a todos los espectadores presentes cuando despojándose de sus breves prendas y que dio en escena completamente desnuda mostrando su carnosito cuerpo y apretados muslos.
Todos nos mirábamos unos a otros sin saber qué hacer y decir hasta que Maruja de Montaverner cantando y contoneando su bellísimo cuerpo hizo mutis por el foro escuchando a la vez una grandísima ovación. La cosa trascendió, naturalmente, y a los pocos días la prensa hacía pública la decisión de la autoridad que la sancionaba con 250 pesetas de multa «por haberse presentado ante el público como su madre hace muchos años la había traído al mundo».
No se escapó tampoco el empresario a quien la misma autoridad le impuso otra multa de 50 duros por haberlo consentido. Pero duro arriba, duro abajo, el público esperó que algún día volviera a repetirse el desnudo de Maruja de Montaverner, cosa que por desgracia no sucedió, pese a nuestros deseos.
¡Malditos 50 duros!

Pepito, «el gordo»
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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02/05/1999
Pepito, «el gordo»

A hora que aisladamente ciertos spots publicitarios nos alertan de que estamos conmemorando el año de la Nestlé me creo en la obligación de adherirme a esa conmemoración escribiendo este comentario dedicado a aquel personajillo popularísimo desde los muchos que tiene la variada nominilla de la historia alicantina y que fuera Pepito el Gordo.
Fue Pepito un simpático niño que con sus 18 años y 72 kilos causaba la simpática expectación por donde pasaba y además, como gozaba de un carácter simpático hacía amigos y tenía general aceptación.
Vivía en un entresuelo de la calle de San Vicente, de balconcillo bajo, con su madre.
Sara la Cojíta, solía vérsele a la salida de los colegios de la ciudad, especialmente del sector Campoamor y centro preguntando a unos y a otros de los colegiales:
«¿Quieres estampitas Nestlé?», o bien aquello de «¿tienes repes?», con lo que los colegiales echaban mano a sus bolsillos buscando y rebuscando los simpáticos cromos con los que cubríamos las páginas de aquellos siempre recordados álbumes de Nestlé en donde una variopinta y seleccionada producción de cromos que se nos ofrecían posteriormente.
Y una vez llenas sus páginas de cromos, para que nuestras madres los presentaran en las oficinas que tenía la Nestlé o «La Lechera» como generalmente le denominábamos nosotros en aquella su pequeña oficina en la calle Pasaje de Amérigo en donde su representante o gerente, el amabilísimo don Jaime Gosálvez, les canjeaba el álbum lleno de cromos por alguna pieza de vajilla o cubertería que hacía las delicias de nuestras madres.
Y así Pepito el Gordo proseguía por los colegios gozando de la amistad de todos sin excepción, pues incluso gente ilustre -y yo poseía documentos fotográficos- como el periodista don Mario Guillen Salaya y el matador de toros Vicente Barrera, gustaban de retratarse con él en el portón de cuadrillas en el callejón de la Plaza de Toros de Alicante.
Dicen y esto no lo he podido comprobar, que era tal su gordura que cuando murió se desprendió de su cuerpo una especie de halo grasoso que llegó a empañar los cristales de las ventanas y los espejos y lunas de su propia habitación.
Pepito el Gordo y la Nestlé quedaron para siempre unidos a nuestra niñez y juventud con el buen sabor del chocolate y la sana amistad con Pepito el Gordo.

Se busca chica para cine
Raúl Álvarez Antón
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01/08/1999
Se busca chica para cine

C orrían los años treinta cuando el Alicante femenino se alborozó de ilusión por que en la prensa concretamente en el Diario «El Luchador» anunció que la Metro, famosa productora cinematográfica buscaba una chica en Alicante para rodar la película La vida alegre con el famoso actor
Maurice Chevallier.
Aclaraba la nota que la Metro había ensayado ya con artistas como Jeanette McDonald que había rodado la última película.
El desfile del amor con Maurice Chevallier, pero que no obstante estaba decidida a buscar caras nuevas, se pedía que supieran cantar y bailar.
Las que desearan ser seleccionadas deberían enviar su foto a la Redacción de El Luchador y la elección definitiva se haría en Valencia.
Huelga decir los cientos de fotos que se recibieron en el diario, pero ellas vivieron unos días de intensa emoción soñando con esa apetecible meta de ser artista de cine y el tema ocupó constantemente las conversaciones de las féminas alicantinas y sus familias como así de todos nosotros que queríamos verlas triunfar en el séptimo arte.
Pero como dice el refrán «nuestro gozo en un pozo».
Bailar y ser famosas era la meta.

¿Todo el año es carnaval?
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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21/02/1999
¿Todo el año es carnaval?

D ese a que multitud de lenguas aseguran que «(todo el año es carnaval» la verdad es que el carnaval se desboca a gogó al llegar los tradicionales días de este mes de Febrerillo el loco.
Y un año más está en las calles la alegría y la juerga que acompaña al Carnaval, ese carnaval que pese a los años no se pierde y evoluciona conforme las disponibilidades económicas del organismo organizador.
Dista mucho del carnaval de estos tiempos con los alardes de arqueología urbana y ricos disfraces unitarios y en comparsas a aquellos otros que vivimos en nuestra niñez y mocedad.
En aquel entonces nos disfrazábamos con las prendas que teníamos a mano ya de la madre, la hermana o la vecina. Pero -recuerdo que yo alquilaba mi disfraz en Casa la Bacallara-, que era una exquisita actriz de carácter muy estimada en nuestros escenarios, quien con su hermano Álvaro Salazar se dedicaban en su vivienda de la calle de Cienfuegos al alquiler y suministro de attrezzo teatral y por ende de prendas sueltas que utilizábamos como disfraces.
Tanto ella, Cecilia, como su hermano Álvaro rivalizaban en atender a su clientela y buscaban en sus atiborrados armarios y estanterías roperas el disfraz que ellos consideraban idóneo para el cliente.
Y bailábamos el carnaval en los bailes que organizaba el «Diario de Alicante» en el Teatro Principal, para lo que lo entarimaba por encima de las butacas hasta el propio escenario logrando así una pista gigante en la que rendíamos nuestro tributo a la fiesta carnavalera.
Numerosas peñas asistían a estos bailes recordando con simpatía una que denominada la F.T.T. sus componentes se disfrazaban con atuendos originalísimos que causaban expectación y cuando ellos -la mayoría pertenecientes a familias de «buenas casas»- cuando bailaban con las señoritas y éstas preguntaban -qué quiere decir la F.T.T.-, ellos respondían: «La figa ta tía», la pareja abandonaba rápidamente los brazos del joven, escandalizada, dado su puritanismo ante aquella grosera rotulación.
Pero a poco todo se olvidaba y el baile continuaba, ya en el teatro, en el casino, en el Hotel Samper o en otros locales adecuados y que generalmente utilizaban la llamada «buena sociedad».
Hoy la Rambla es el ideal salón común para todas las clases sociales que gozan viviendo el popular carnaval.

Un año más la mona
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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04/04/1999
Un año más la mona

P ermítanme ante todo que de mis más cordiales gracias a cuantos lectores o no asiduos de este espacio RECORDAR me han llamado para comentar larga y cariñosamente cuantas «pistas» de la Semana Santa que ayer, apunté en mi pasado RECORDAR, porque según me dicen traje al recuerdo las muchas pistas que flotaban en sus «túneles del recuerdo» y que con mi aportación las venía a confirmar lo que les ha promovido un feliz recuerdo de su niñez.
Así mismo mi agradecimiento al doctor Fenoll y al equipo de enfermeras y celadores que en el hospital general me han atendido durante estos últimos días por agravamiento de mi enfermedad, de los que he recibido múltiples y afectivas atenciones clínicas y personales.
Gracias a todos y un año más llegamos a la siempre bien recibida «La Mona» que con sus variedades mona» y «toña» luce en los cestillos de la merienda cuando emparejados y desde nuestra niñez damos cuenta de ella en los más variados lugares con o sin arbolado de Alicante.
Es una tradición que no muere y a estas fechas llegamos con ilusión juvenil unos y con alegría de los buenos momentos otros que recordamos lo que fuimos en el ayer con menos años.
Y aquí está la Pascua de Mona que se celebra en todos los hogares alicantinos ya con niños o sin ellos pero siempre con la ilusión de mantenemos siempre jóvenes y esperando el momento de romper el huevo duro en la frente de nuestra pareja o invitado para reír un poco y olvidar aunque sea por un momento, las penas del día y así bastece próximo año.
La Pascua de mona unió de por siempre a linajudas familias alicantinas que la celebraban en sus hermosas mansiones de la huerta alicantina con las del casero y empleados olvidando durante la jornada sus distancias sociales y uniéndolos en el hecho de la celebración del evento religioso.
Bienvenida pues esta fiesta de la Pascua de mona signo de alegría, paz y mejor convivencia.
¡A divertirse tocan!.

Fundación de las Agustinas
Enrique Cutillas Bernal
Historias de Aquí
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18/07/1999
Fundación de las Agustinas

H ace unas semanas escribíamos sobre las Canonesas de San Agustín para
puntualizar algunas aseveraciones de Viravens. Hoy con un documento titulado «Fundación del Convento de la Sangre de Cristo de la Ciudad de Alicante 1606 contaremos los hechos que motivaron la erección de la nueva Casa.
Comienza el testimonio señalando que:
muchos años ha, que se ha procurado y tratado en esta ciudad que hubiera dentro de ella un monasterio de monjas, pero nunca se había llegado a levantar «por contratiempos y discordias». Como vemos la idea no nació en 1606 sino que se remontaba a «hace 60 años» en que se comenzaron «en la heredad que llaman del castillo, donde hoy están hechos fundamentos y paredes». Es decir, se pensó levantar el convento en 1546 durante el apogeo de los ataques corsarios a las costas alicantinas.
Los motivos de la erección eran claros:
«para acomodar a algunas personas honradas y deseosas de servir a Dios Nuestro Señor. las cuales no podían estar en el convento de la Santa Verónica».
Era lógico el temor de las futuras religiosas a encerrarse en Santa Faz, tan castigado en aquellos años por las correrías berberiscas, las jóvenes deseaban estar «dins la Ciutat», donde sus familias, «les tendrien prop, y no estaríen privat de sa visita y comunicació, como ho estaven les que entraven en el de la Sancta Verónica».
Era tanto el miedo, que antes de encerrarse en Santa Faz muchas «se han ido al de Orihuela, Elche y otras partes».
Ante la oposición a tomar el hábito fuera de las murallas algunos padres, con el deán y Cabildo de la Colegial, lograron del Consell que aprobara «se hiciese dicho convento de monjas y que fuese sujeto al Ordinario».
Como no habían decidido bajo qué Regla quedaría el convento, se nombró una comisión formada por el deán Zaragoza, canónigos Tomás Pérez y Jaime Galante, el carmelita Jerónimo Gracián, el jurado Jerónimo Vallabrera y Juan Vich, Baile General de la Gobernación de Orihuela, quien es de forma unánime acordaron que las monjas fuesen Agustinas con los Estatutos de San Cristóbal de Valencia, señalando como lugar apropiado «el de la Cofradía de la Sangre de Cristo».
Tomada esta decisión el Obispo Balaguer pedía al arzobispo de Valencia monjas que fundaran el convento, y éste aceptó «ofreciendo dos señoras».
En abril de 1606 llegaba a Alicante el Obispo decidiendo que como medio de hacer la fundación «algunas personas principales y ricas se obligasen a comprar las cosas contiguas» a la Cofradía. Se comprometieron ante notario, el deán Zaragoza, el canónigo Ibarra y su hermano José Jerónimo Vallabrera, Gaspar y Pedro Remiro, Esteban Martínez, Francés Pascual del Pobil, Francés Pascual de Gaspar y Vicente Pascual.
La casa comprada era propiedad de Francisco Martínez. Sus dos madres que salieron de Valencia el 13 de julio venían acompañadas por el visitador
del arzobispo, Cristóbal Colón, el carmelita Gracián, el canónigo Ibarra y el jurado Vallabrera.
El día 15 llegaban al convento de San Francisco de Elda donde esperaba el Obispo de Orihuela, quien nombró como priora del nuevo convento de Alicante a sor Constanza Carros y subpriora a sor Francisca Mateu. Como confesores de la nueva comunidad fueron nombrados el deán Zaragoza y mosén Alejandro Remiro.
El siguiente día llegaban a Alicante las dos monjas de Valencia quedando hospedadas en casa del canónigo Ibarra.
El día 18 de julio «acompañadas de las damas más importantes» se dirigieron a la Colegial donde fueron recibidas por el Gobernador Vich el Baile Martínez de Vera y demás autoridades saliendo luego en procesión civil, «con toda la Iglesia y frailes de todos los conventos, llevando el
Santísimo Sacramento» hasta la nueva Casa donde esperaban «con mucho gusto y contento de las demás señoras... que estaban dentro».
Había nacido en Alicante el convento de Canonesas de San Agustín, quedando bajo la jurisdicción del Obispado.

Recuento de alcaldes
Enrique Cerdán Tato
La Gatera
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11/10/1997
Recuento de alcaldes

D esde que se inició el presente siglo, hasta el día de hoy, contabilizamos, a salvo alguna omisión, al frente de nuestro Ayuntamiento, un total de cuarenta y siete alcaldes, según un listado de los mismos, elaborado en 1979, por el titular del Archivo Municipal, en el que se incluyen a Ambrosio Luciáñez Piney y a Pascual Coloma, ambos, como ya hemos comentado en más de una ocasión, en esta misma columna cronística, aceptados por unos como tales; y por otros, tan sólo considerados interinos o en funciones.
Aspecto en el que no abundamos, hoy, por haberlo hecho ya, en su momento y de acuerdo siempre con la documentación de que disponemos al respecto.
De estos alcaldes, los dieciocho primeros corresponden al periodo de la Restauración, con su turnismo de conservadores y liberales, su transfuguismo y sus diversas fracciones, más o menos democráticas y progresistas.
Los primeros son Alfonso Sandoval, barón de Petrés y José Gadea Pro y el último, Antonio Bono Luque.
Miguel de Elizaicin y España inaugura la época de la dictadura primorriverista que cierra, al frente de la corporación municipal, Julio
Suarez-Llanos Sánchez; con dictablanda de Berenguer, ocupan alcaldía Florentino de Eiizaicin, Gonzalo Mengual Segura y el todoterreno incombustible Ricardo Pascual del Pobil y Chicheri.
Tras la proclamación de la República, Lorenzo Carbonell Santacruz preside una corporación entusiasta; por diversas circunstancias de las que aquí hemos dejado noticia; la sustituirán en el cargo Alfonso Martín de Santaolalla (o Santa Olalla) y José Pascual de Bonanza Pardo, para retomar la alcaldía Lorenzo Carbonell, hasta los comienzos de la
guerra civil y la hegemonía del Frente Popular.
Durante el conflicto bélico, presiden el consejo municipal, sucesivamente. Rafael Milla Santos, Santiago Martí Hernández, Ángel Company Sevilla y Ramón Hernández Fuster.
Tras la derrota de la República, el primer alcalde franquista es Ambrosio Luciáñez Riesco. Le siguen ocho más, hasta la transición democrática, época en que empuña la vara de alcalde José Manuel Martínez Aguirre. Su renuncia, para presentarse a las elecciones, dejará el cargo en manos de Ambrosio Luciáñez Piney y Pascual Coloma, con las dudas sobre su titularidad que ya hemos advertido.
Finalmente, las elecciones municipales democráticas, elevarán a la alcaldía a José Luis Lassaletta Cano, Ángel Luna(ambos del PSOE) y Luis Díaz Alperí, del Partido Popular.
De todos y cada uno de ellos hemos dado puntual referencia a lo largo de
nuestras casi 1.800 crónicas.
Muchos de estos alcaldes lo fueron exmandatos intermitentes como Ricardo Pascual del Pobil y Chicheri que ocupó el cargo en cuatro ocasiones diferentes. Lassaletta como lo ostentó durante tres mandatos consecutivos, con un total de más de 12 años, al frente de la alcaldía.
Un récord imbatible ya en este siglo. El último alcalde de Alicante del segundo milenio es aún una incógnita.

Un recuerdo a Cançoneta
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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18/07/1999
Un recuerdo a Cançoneta

P or el hecho acaecido hace unos días, que ha registrado el óbito del eminente compositor valenciano Joaquín Rodrigo y en cuyos actos celebrados con motivo del sepelio, he oído que se interpretaron varias composiciones de este autor y entre ellas «Cançoneta» me viene a la memoria un hecho que cuando yo era muy joven me contaba mi abuelo.
Según él -me decía- que los primeros meses del año 1933 asistió a un concierto que en el Teatro Principal dio la famosa orquesta de Cámara de Alicante y en el que se utilizó un nuevo modelo de viola-tenor recientemente patentado y que el propio constructor puso a disposición de la entidad musical alicantina.
A más de ello -me decía mi abuelo- la Orquesta de Cámara dirigida por José Juan interpreté por vez primera «Cançoneta» (sic) cuya obra fue escuchada por el público con gran interés y que aplaudió en su momento.
Tras el concierto, el director José Juan comentaba a mí abuelo al que conocía y que a mí me acompañaba muy elogiosamente la partitura del compositor valenciano destacando las exquisiteces musicales que en ella concurrían.
Y mi abuelo se congratulaba de ello cada vez que me refería esta anécdota de la vida musical alicantina.
Quede pues este Recordar que tengo la impresión de que muchos de ustedes desconocían como una nota feliz de acercamiento musical entre el eminente
compositor Joaquín Rodrigo fallecido, como digo recientemente, y la vida artistico-musícal de Alicante de aquellos tiempos ya idos.
Descanse en paz el autor más conocido por s u Concierto de Aranjuez.

Aquellos Nanos i Gegants
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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28/06/1998
Aquellos Nanos i Gegants

A hora que hemos dado el cerrojazo 98 a las fiestas de les Fogueres d'Alacant y hemos visto las múltiples cabalgatas o desfiles que al efecto ha programado la Comisión Gestora en esta línea de monotonía uniforme año tras año, creo necesario traer a este Recordar aquel simpático desfile de la típica comparsa tradicional, por todos conocida de los «Nanos y Gegants», que a más de ser patrimonio artístico cultural típico de la ciudad llevaba la sonrisa a niños y mayores cuando desfilaban sin más dirección de coreografía que la espontánea de los participantes y que a tantos nos satisfacía verlos por las calles de Alicante.
Y digo que es patrimonio artístico-cultural de la ciudad, pues la primera comparsa de Nanos y Gegants (gigantes y cabezudos) que apareció en Alicante, data según mis datos de archivo del año 1640 y fueron construidos en un taller especializado de Zaragoza y acá estuvieron desfilando, ya en ocasión de la procesión del Corpus Christi, como también en variados festejos populares y vecinales de la ciudad incluso después de la contienda civil en las fiestas de les Fogueres.
Los Nanos y Gegants en los que no faltaba entre los gigantes los reyes don Fernando y doña Isabel con sus armazones de madera recubiertos de percatinas telas y los Nanos formados por aquellos simpáticos cabezudos de prominentes narices y orejas de cuyo cuello colgaban sendos camisones en los que se enfundaban los niños y gentes de corta estatura que gustaban tomar parte en los cariñosos desfiles.
Y era de ver la alegría de los niños y vecinos del entorno cuando en las mañanas de las fiestas sanjuaneras la comparsa de Nanos y Gegants salia desde los soportales del Ayuntamiento y daba su corto pasacalles por las calles próximas al Ayuntamiento.
Pero todo esto se ha perdido lamentablemente, pues su antigüedad y continua prestación a las diferentes entidades vecinales con motivo de sus fiestas de barriadas llevaron consigo un grave deterioro que en la actualidad les ha llevado a un obligado aparcamiento. Me consta, porque así me informan, que el que fuera alcalde alicantinisimo José Luis Lassaletta Cano, de grata recordación, se preocupó de restaurarlos en parte siendo concejal de Cultura el señor Martínez Bernicola.
Más ese intento de restauración no fue suficiente y la comparsa de Nanos y Gegants alicantina, sigue, como digo, aparcada y por ello ausente del gozo que proporcionaría a nuestros pequeños y aún los mayores, verlos de nuevo desfilar por las calles alicantinas como antaño s e hiciera con el beneplácito de todos los alicantinos.
Y me atrevo a sugerir a mi admirado y entrañable amigo Pedro Romero, eficacísimo concejal de Cultura del Ayuntamiento nuestro, que anote en su agenda de trabajo: «Restauración de los Nanos y Gegants» y a partir de ahí la gestión se pondría en marcha y podría apuntarse el éxito de recuperar para Alicante este delicioso patrimonio cultural, pues ahora con motivo del 70 aniversario de les Fogueres de Sant Joan bien podría el gremio de artistas arrogarse este cometido de recuperación artística -como hiciera años atrás Elda- sin necesidad de recurrir a talleres especializados de Zaragoza.
Pues en Alicante, tenemos «manitas» de sobra para ello.
¿Podremos conseguir esta recuperación, amigo Pedro Romero? En ti confiamos.

Las huestes de Valcárcel
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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19/09/1999
Las huestes de Valcárcel

S e nos fue en silencio, al alborear el último otoño del siglo, pero dejando tras si su testimonio elocuente de lo mucho que en el término festero hizo para el bien de Alicante.
Nunca decía los años de su carnet de identidad, y muy coquetonamente se limitaba a decirnos a quienes osábamos preguntarle por los años que tenía:
«Yo voy con el siglo». Y en efecto, con el siglo también se nos fue.
No sé si alguien recordará a don Tomás Valcárcel fuera de su ámbito festero-sanjuanero, pero a mí sí que me cupo la suerte de tratarle en lo que pudiéramos llamar «sus pinitos lúdico-alicantinos».
Me place recordar aquella su primera fase artística a la que estuvo ligado, y que cariñosamente se le denominaba «IJS huestes de Valcárcel».
Éramos huestes pacíficas, simpatizantes con el arte de Talía y que bajo la batuta y dirección de don Tomás nos reuníamos en las bambalinas del Teatro Principal y en otros muchos lugares del teatro alicantino para representar obras teatrales con fines benéficos exclusivamente, y que lo hacíamos robando tiempo a nuestro ocio de juventud.
Y así rindieron pleitesía a la amistad que imperaba entre aquella juventud de bien acomodadas y distinguidas familias alicantinas, que el propio don Tomás seleccionaba y les invitaba a tomar parte de sus huestes artísticas.
Y todos decíamos sí sin excepción, y así durante varios años encabezamos una manifestación artístico teatral que se distinguió por su originalidad en la puesta de escena de los guiones elegidos, destacando especialmente uno que repetíamos año tras año tras el éxito obtenido en cada representación, que garantizaba la buena taquilla y por ende los fines benéficos que con sus funciones se perseguía.
Me estoy refiriendo a «Evocaciones de Navidad» en las que la gracia, la creatividad y el genio artístico de Tomás Valcárcel se ponían de manifiesto año tras año sobre el escenario, escenificando acuarelas bíblicas bien conjugadas con los villancicos, que era lo propio de las fechas del Nacimiento del Señor en que obligatoriamente la representábamos.
Y así unidos y formando parte de esas distinguidas «Huestes de Valcárcel» figuraban, como digo, los jóvenes de las prestigiosas familias de entonces, entre los que se contaban apellidos destacados como los de Reig, Torres, Iborra, Paniagua, Sabater, Abad, Huesca y otros muchos de preclaras familias que harían interminable esta hasta, dado el corto espacio de que disponemos, pero que sentaron sus raíces artísticas en este hombre que se nos ha ido, y que en el curso de los años se incrustaría en la dirección de nuestras queridísimas fiestas de les Fogueres de Sant Joan, y que tanto esplendor supo dar a ellas sin que nadie haya podido superarle hasta la fecha.
Quede, pues, mi sencillo recuerdo a aquel núcleo inicial de «Las «huestes de Valcárcel», a las que yo pertenecí por m i condición de locutor de Radio Alicante.
Corría a mi cargo, por esta razón, el actuar como narrador y presentador de aquellas exquisitas «Evocaciones de Navidad», por personal designación del genio de don Tomás, que siempre vio en mí un colaborador ideal para sus fines artísticos, tanto en aquella época como luego en el curso de las fiestas de les Fogueres.
Don Tomás, en este obligado «adiós espiritual», quede constancia del mío, en nombre propio y en el de todos aquellos que conformamos aquella entusiasta masa artística que tuvimos el honor de ser dirigidos por su creadora batuta artística.
Descanse en paz, gran amigo de todos.

La verbena del Ninot
Raúl Álvarez Antón
RECORDAR
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14/11/1999
La verbena del Ninot

Y o he oído decir que el «pasado» es un buen «vademécum)» para vivir el «futuro» y por si ello pudiera ser útil recuerdo hoy aquella «verbena del
Ninot» que viví en m i juventud durante las fiestas de las Hogueras de San Juan.
Corría el año 1933 y era el día 29 de junio, festividad de San Pedro. Había acompañado a mi abuelo a la Plaza de Toros, para ver la «correnda dels bous de Sant Pere» y tras cenar, mi abuelo decidió dar un paseo por nuestra entrañable Explanada.
Nuestra sorpresa fue grande cuando al llegar a ella vimos que estaba espléndidamente y artísticamente iluminada y concurridísima de público. Entramos en el paseo y nuestra sorpresa creció cuando vimos que en lo alto del tronco de cada palmera había, amarrado y expuesto, un ninot con lo que el paseo ofrecía un fantástico aspecto fogueril.
Y es que dos días antes de la planta la Prensa anunció que la Comisión
Gestora había acordado que se indultaran 32 ninots, es decir, uno por cada hoguera que se había plantado para en la noche del 25 tuvo lugar en la noche del 29 celebrar una gran verbena-tómbola a beneficio de la Cocina Económica.
Además de los ninots se exhibían muchísimos regalos que donaron los comerciantes alicantinos.
Asistieron todas las bellezas y autoridades tanto las de acá como las invitadas de fuera de nuestros límites y la verbena, que fue comentadísima, obtuvo un gran éxito económico y artístico conforme era el deseo de la Comisión Gestora que la anunció en la prensa como innovación en la Fiesta, y así fue.
¿Puede utilizar alguien este «pasado» en bien de nuestra querida Fiesta?

La Misericordia
Enrique Cutillas Bernal
Historias de Aquí
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22/03/1998
La Misericordia

L os logros conseguidos por la férrea voluntad del Obispo se vieron diluidos en sus sucesores, por las presiones políticas del siglo XIX.
La obra de Elías Gómez de Terán no sufrió cambios hasta 1801 en que el Estado se interesó por el edificio, parte del cual fue cedido por el obispo don Francisco Cebrián para convertirlo en Fábrica de Cigarros, en condiciones que luego no se cumplirían.
En 1815 el nuevo obispo pedía explicaciones a la Diputación «sobre la cesión que hizo en favor de la Hacienda Nacional su antecesor, de la Casa
destinada a establecimiento piadoso de Misericordia, y que manifieste cual es el Privilegio del Filete cedido al mismo, y que se pongan otros arbitrios respecto a que los tres despojos son incompatibles con lo expresamente prevenido en los Soberanos Decretos.
El obispo se refería al impuesto del Filete o soguilla de esparto, y a la obligación del arrendador de la carne de entregar tres despojos diarios de las reses que se sacrificaban en el matadero, según los privilegios concedidos por Fernando VI en 1747.
La respuesta municipal fue que aquellos privilegios ya no regían, y además, aquel edificio «fue Casa de reclusión de mujeres que se llamaba de las recogidas y que tanta falta hace en el día».
El obispo dejó el asunto en manos del canónigo Spering quien en 1816 les respondía que, «antes de volver a recoger mujeres reclusas en la Misericordia... es que se devuelva el edificio que se dio a la Real Hacienda para fábrica de Cigarros».
Spering reclamaba nuevamente en 1819 «como canónigo decano y administrador de la Real Casa de la Misericordia y Santa María Magdalena», que se cumplieran los privilegios de Fernando VI, luego confirmados por Carlos ÍV en 1806, o en su lugar la tasación hecha de su valor que ascendía a 15.000 reales anuales pagaderos en mensualidades.
La cesión a la Fábrica en 1801 sólo comprendía parte de la casa, pero presiones políticas consiguieron en 1822 «la otra mitad del edificio», incluida la iglesia.
Los vecinos de San Antón se opusieron paralizando la orden. Al siguiente año, el director de la Fábrica informaba de una Real Orden mandando que no se hiciera «novedad en lo resuelto en la Capilla del barrio de San Antón».
Ante la protesta vecinal el Ayuntamiento recurrió la Orden, consiguiendo del Consejo de Hacienda «que se le dé posesión de una parte del edificio en que se halla establecida la real Fábrica de Cigarros».
El 20 de septiembre de 1825, se procedía a trasladar desde la Colegial... a la Misericordia nuevamente habilitada para culto, el Santísimo Sacramento».
Desde este año, la dirección de la Fábrica comenzó una política de desgaste para conseguir todo el edificio, siendo denunciada por desviar para si el agua que surtía las fuentes públicas.
Y tras el incendio sufrido en 18á4, reclamaban «la cesión de la iglesia de la Misericordia o del palacio episcopal cuyo local es indispensable... para los talleres de la Fábrica».
Al final consiguieron el palacio, pero no la iglesia.
«que tome interés en conseguir la Fábrica de Tabacos, para convertirla en palacio». El problema siguió latente.
En este siglo, durante la República, el estado reconocía los derechos del prelado sobre la Misericordia; concediéndole 16.000 pesetas anuales en concepto de alquiler.
En 1943 el obispo Irastorza vendía el edificio y los 4.000 metros adyacentes a la Compañía de Tabacos por la cantidad de dos millones seiscientas mil pesetas.
No se mostró conforme el obispo que como condición para el traslado del Obispado pedía al Ayuntamiento de 1861.
Así perdía Alicante la Institución fundada por el obispo don Elías Gómez de Terán. Veremos qué pasa ahora con la Fábrica.

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